
pokit in a pocketdiario de un inadaptao
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06/05/2008ciudad olvidoPor una ciudad “Ciudad Olvido” 11/04/2008métodos de supervivencia manualManos malabaristas y callejeras, manos que eligieron enraizarse al viento de tu ser con diez razones lanzadas al vuelo. Sus diez motivos los desconozco, no sé si fue asunto del azar, tal vez una bolita imaginaria cayó sobre una casilla de ruleta, con un número imaginario, y de ahí salieron todos estos bolsillos volantes sin fondo, que son el hogar de dos de camino hacia algún lugar más allá del suelo. "Métodos de supervivencia manual" 24/03/2008la tía virgen puta del pulgaMe asustan los señores santos con capirotes, me dan miedo, parecen del ku-klux-klan. No puedo decirlo, el Pulga se partiría el pecho de la risa, pero en Semana Santa me da pánico salir a la calle. Con lo que a mí me gustan los tambores, tenían que llevarlos los tíos del capirote, y es que cuando se nace en el “andergraun”, se es así hasta para los miedos. Yo, cuando los veo todos en fila, desde el balcón de la casa de uno de los padres del Pulga, me quedo tieso de miedo. Allí abajo, todos tan picudos, tan sin gestos, y sin decir ni pío, que entre tanto pico ya se les podía escapar, por lo menos, un pío.
22/03/200806/03/2008la mímica de la calleTú dijiste algo sobre la mímica de la calle, y yo me quedé a verla gesticular, mientras al fondo buscabas entre los libros viejos de una olvidada librería que se llamaba Silencio. La mímica de la calle me puede importar un bledo, la mímica de la calle es inmóvil, estatua, fotografía, si no hace, al menos, una forma tuya, o un contorno de ti. Hay veces que la mímica de la calle es fría, y me lo dices desde la puerta de salida del día. Yo creo que por eso te pones un gorro de lana que tiene forma de gorro de dormir, porque es casi el final del día, sólo quedan unas calles, en la calle, para que pueda pasar tu autobús. Aquí el frío es continental, o eso dicen los que lo estudian, pero para mí el frío es un archipiélago de sitios que no conocieron una lata de té, o un tejado adoptado por gatos, o un montón de cosas más, pero siempre que tengo frío, lo único que veo son islotes de vacíos sin peca. La mímica de la calle tiene colores de patio andaluz que camina la primavera, y oscuridades de distancia al cuadrado, pero dividida entre dos. A mí me gusta la mímica de tu calle, pero la de Wall Street ya no te creas que me gusta tanto. "La mímica de la calle" 23/02/2008de hadas disidentes y poetas de lavapiés- Con mi aprecio para Tinito La Calma, el poeta de Lavapiés - Vivía en la calle, a medio camino entre la ironía de lo sabido, y la contundencia de sentido único de lo que creíamos saber, estaba atrapada entre la cordura con horarios, y la locura con olas de temporal, aunque la verdad, lo realmente cierto es que se situaba exactamente entre su atropello, y la lentitud geométrica de los demás. La conocí cuando la Luna hacía esfuerzos por aparecer entre las nubes de humo invernal, y de amenaza de agua, del cielo de Lavapiés, me la presentó un poeta que se empeña en cantar su libertad para que se callen las bombas, aunque le duela a los oídos ignorantes que se visten con corbatas impecablemente sedosas. Esta es una ignorancia a la que el rapsoda combate a golpe de verso, con La Calma que le viste de filósofo, y le desnuda de hipocresía, y con el buen Tino de la tinta que se desgarra, sílaba a sílaba, en su ya desgarrada garganta. Él fue quien me presentó a aquella hada disidente, de nombre impronunciable, que se escondía bajo el lado oculto de la luz, esa que flota al otro extremo de la racionalidad cartesiana. Era aficionada a volar sobre La Habana sus aires de sin frontera, y también invertía en tecnología nuclear iraní en el parqué, sin columpios, de Wall Street. Miraba de frente cuando volaba de espaldas, callaba cuando se le escapaba la voz en un tren de mercancías, acompañando a alguna idea destinada a ser olvido unos kilómetros más allá. Ella me dijo que éramos luz en movimiento, que no podíamos detenernos porque desapareceríamos del teatro espacio-temporal de las galaxias, si lo hiciésemos. Yo la escuchaba atento, casi hiponitzado por sus palabras, eran caricias con formas de gotas de rocío, brillantes en el momento, redondas en el sonido, perfectas para ser saboreadas con los pies colgando sobre el techo del mundo. Así, desde el principio, pasarón los primeros segundos, los segundos en llegar hasta nosotros fueron los minutos, después las horas, y así el tiempo se hizo movimiento despacio, y el espacio fue un deseo estático casi inapreciable, pero veraz desde el desplazamiento del ayer. Supe que la excepción quiso hacerse cotidinana ese mismo día, y que la fortuna mía sería el infortunio de los demás, porque ella, aquella disidencia con alas de aire, y ojos de mar, se quedó a mi lado para siempre, y fue recuerdo presente, y futuro, y también esa compañía donde se nombra en silencio a la soledad. "De Hadas disidentes y poetas de Lavapiés" 18/02/2008mecanoUn mecano, sí, eso es lo que me viene la cabeza, a veces, cuando te pienso. Un mecano lleno de piezas, piezas largas, cortas, redondas, cuadradas, rojas, blancas, azules, negras, transparentes, metálicas, y también tuercas, muchísimas tuercas y arandelas para esas tuercas, y un montón infinito de formas por hacer a la espera. Dicho así, y a simple vista, sé que no parece muy romántico, pero como en casi todo, no todo lo que parece termina siendo lo que era. Eres un mecano porque no sé por dónde comenzar a empezarte, no sé cómo hacer para esconderte el libro de instrucciones, y que no lo leas, porque cuando lo lees te pasa que te ciñes a la ley de la gravedad, y la gravedad es ley, y leí que era grave no saber por dónde empezar a comenzarte. También eres un mecano porque tienes piezas del mundo en tus manos, entre tus dedos, bajo tus pies, y las tienes así, a pedazos, revueltos en la caja donde escondes los sueños que te quedan por contar. Y si te vienen minutos con los segundos primero, corres a por el dichoso libro de intrucciones, y vas a la hoja del orden de las cosas, y me la enseñas, y la ignoro porque nunca me enseñaron a leer: made in taiwan. Entonces suenan tacones sobre la madera, y los gitanos del barrio lanzan sus sombreros al aire, y se les desmadra el tupé, y sale el cristo a procesar la calle con el libro de intrucciones en una mano, y en la otra el diccionario de: "deidadñol-taigüanes/taigüanes deidadñol". Y me aplica, el dios políglota procesante, una semana santa severa, y te haces mecano de nuevo, porque te monto, y te desmonto de un grito para que te/me caigas mal. Odio a la ingeniería con instrucciones, y odio a los alemanes que las escriben, porque me suenan a chino, y también odio la formalidad que tienen sus páginas ordenadas una tras otra, y con números para que no se escape ni una. Yo no sé si ahora te parece romántico esto que te cuento, yo creo que lo es, porque mira la que monto para intentar saber por dónde debo arriesgarme a comenzarte a empezar. "Mecano" 12/02/2008despropiación cotidianaNo tengo apenas letras, "Despropiación cotidiana" 28/01/2008dunas y hojasMe tuerces las letras, "Dunas y hojas" 21/01/2008uno de unoQuería empezar un poema que no dijese nada importante, que huyese de la filosofía triste que bulle en los versos. Tampoco quise que amor fuese una palabra de serie, e intenté sellar las ventanas que dan al alma de las otras personas. Olvidé la épica tópica, y la típica rima fácil de terminación en “ar”, mientras colocaba andamios alrededor de las letras. Pensé que sería mejor buscar una razón que quitase la razón a las frases que buscaba, así luego sólo tendría que quitar la razón a esa razón disidente, para llegar a la declaración de principios que sería el embrión de mis delirios de poeta. "Uno de uno" |
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