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pokit in a pocket

de principio a fin

De él habían dicho tantas cosas, casi tantas, como él había dicho de los demás. Su relación con la sociedad era una transacción comercial de afectos encontrados, unas veces de cara, y otras a traición, pero siempre dentro de unos “mínimos” que siempre se respetaban. No era una persona agria, ni mucho menos, pero tampoco era un ser que repartiese sonrisas gratuitas. Sus formas eran como sus ropas, discretas, sin nada que llamase la atención por ostentoso, o por motivo del mal gusto. Su voz, grave, se deslizaba por el aire como una pluma se desliza sobre el papel en blanco, y como ésta, describía un mundo que parecía irreal fuera de sus palabras. Desconocía si más allá de la vida había algo más, y por ello, apostaba a doble, sin nada, en contra de su propia vida. Nunca dejó de perder trenes, aunque también era cierto que no se bajó de ninguno hasta el final del trayecto, aún a sabiendas de que el destino marcado fuese trágico. Era una persona que terminaba lo que comenzaba, y por eso se dedico a vivir, desde que nació, hasta el mismísimo día de su propia muerte.

© pokit in a pocket . ch.a.d.t. “de principio a fin”

autocoloquio de las distancias

Dejaré que el tiempo
se desgaste en mí,
sin buscar una barca
para cruzar el río de las horas
que no quisieron dejar el exilio.
No temo ahogarme entre la bravura
de las olas que calientan
los pensamientos hasta el dolor,
ni tragar los litros
de los minutos caducados,
cuando la luna se tuerza en cielo
para poder colgar de ella
la sonrisa de una noche.
Creo que para gozar
hay que aprender a sufrir,
y que en la sed
está la razón humilde del agua,
pero siempre olvido
que más allá de las estrellas
se encuentran las estrellas,
más lejanas aún.
La indecisa esquizofrenia
ventricular del corazón,
repite incansable la palabra vida,
una y otra vez,
mientras en el alma,
se cansan los recuerdos
de tener que seguir
recordándose en el vacío
que deja en el pecho,
la ausencia de otro pecho.
En la calle, otoño sabe
que será el sabor del viento,
y al pasear bajo los árboles,
las hojas secas sólo suenan
la mitad de lo que quisieran sonar,
mientras empieza a temblar el frío...

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “autocoloquio de las distancias”

tras el tiempo

Los colores del recuerdo se me pintan
sobre el lienzo que cubre los huesos
del tiempo, que un día fue fecha cierta,
mientras en el aire se reduce el espacio
de los pulmones que respiran el presente.
Una boca se seca de llamar al viento,
las manos se pierden en las mangas
de un abrigo que no conoció abril,
y en el cuerpo se añora el cálido escalofrío
que firman las caricias de las noches despiertas.
Mi paisaje se diluye con la lluvia del olvido,
y no me quedan más de dos, o tres, gotas de vida,
cuando en el suelo nace una ilusión sin fusil,
junto a la idea nueva que nunca se pudo pensar,
por miedo a no saber qué hacer con ella.
Ahora juego a las partidas perdidas
con cartas marcadas por la saliva de la derrota,
bebo el vino que se hace vinagre en la soledad,
y grito bajo las sábanas que ganaron guerras de dos,
cuando no había tiempo que perder más allá de la piel.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “tras el tiempo”

recurso natural

Me dices tu alegría,
mientras tus ojos
hablan, líquidos,
las palabras que la boca
no sabe decir.
El tiempo juega, rápido,
con los números
negros, y rojos,
que miden la talla
de los días de dos,
acelerándose al igual
que el corazón se inquieta,
de tanto latirse en ti.
Qué más da el lugar,
ni si es noche, o día,
me es indiferente
si la tierra se moja de cielo,
o que el suelo se liofilice
con el paso perdido del tiempo.
Me importa la luna de calma
que te vive en la mirada,
y el sabor del aire,
cuando lo habla tu boca
callada en la mía,
con el silencio en ruido de dos.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “recurso natural”

En la soledad de las olas

-A los pies de Eva-

Yo vengo de un mar a oscuras
parecido a ese que descansa en el lago.
De venir vengo, masa oscura,
alegando indiferencias.
¿Y quién me impide serlas todas?
Desaconsejar las batallas o abrir sus silencios.

Yo vengo de un mar a oscuras,
donde ni siquiera existían las amarras,
ni argollas, ni las algas.
Donde las botellas se amontonaban en los siglos
mientras los genios lloraban de hambre
por la resurrección de la carne
desprendida de sus milagros.

Pero la tierra me busca, y mi sombra
participa.
Y ni siquiera yo me reconozco,
ni en este cuerpo mutilable me adivino...
sin pisadas no pases,
¿Cuántos actos inconciliables?
(cuando el único acto es el amor)

Yo vengo de un mar a oscuras,
de abrir su fondo,
donde no hay espacio
ni estrella alguna.

Pero allí
en su silencio,
conseguí abrir la mano de ese fuego
donde el abismo clava sus puntas
anotando en su luna sus dudas...

¡Dejad siempre que el corazón busque sus preguntas!

Porque tú me transformaste,
en lo que he sido enloquecido;
en el ébano de la noche
y en tu cuerpo que me absorbe.
¡Porque amo, ese cuerpo sin nombre!

* * * * * * *

TENGO, TENGO, TENGO...

Tengo, tengo, tengo...
mis labios en tu boca.

Tengo, tengo, tengo...
la espuma de una rosa.

Tengo, tengo, tengo...
¿Para qué quiero el mar
si ya lo tengo?

* * * * * * *

Antes de amar cierra los ojos,
así no verás tantos cristales
ni universos rotos.

* * * * * * *

Yo tenía un espejo,
donde veía el mundo al revés.
Yo tenía un espejo y una hiel.
Donde me veía el corazón
de izquierda a derecha
de atrás hacia delante,
sin importarme si llevaba sangre
o si llevaba miel
o si llevaba carne entre sus párpados.

Yo tenía un espejo
del color de la sangre.
Hoy, ese color,
me sigue a todas partes.

Donde bebo agua,
veo lágrimas.
Y cuando bebo lágrimas,
veo tu cara en este espejo
sin rostro y sin tiempo.

* * * * * * *

La palabra a oscuras no existe;
existe su realidad,
la negación de la luz,
la omisión de socorro,
la obligación de buscarle un cuerpo
para sacarla adelante
y enterrarla, después,
como ordena la ley.


El tiempo nos devolvió
lo vivido,
lo extraño,
nuestra causa;
lo puramente sencillo,
lo innecesario,
lo divino por respirar juntos
en nuestra arena sin huellas ni playa.

Nos lo devolvió todo,
entero,
sin armas;
sin la roca que muerde a todos los náufragos sin agua.

Así nos lo devolvió el tiempo;
mientras jugábamos
a parar los relojes que nunca creen
en las gotas de nieve blanca.

* * * * *

Detrás de cada mar
hay un grano de mar
que una ola antes fue montaña.

José Medina Mesa (Joseme) “En la Soledad de las Olas”

en el centro

En el centro del alma,
viven los extremos de la vida,
ahogados en un mar de dudas
que se mueren por vivir.
Encarcelados por la eterna razón
de las falsas conciencias,
sobreviven a la excomunión púrpura
que llueve desde un cielo
donde nunca lucieron los soles,
ni las lunas curvas de más allá.
Evitan el equilibrio del hastío
desequilibrándose en la sangre,
y lo ignoran, como se ciegan
los ojos nuevos ante la nueva luz.
En el centro del alma
viven los extremos de la vida,
y se mueren por tocarse,
para volverse a vivir.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. "en el centro"

perdidos

Se han ganado dos deseos
perdidos a tiempo,
dos respuestas
sin preguntas a las que contestar,
y creen que saben amar
con las letras de su verbo.
Dicen que se visten
de viento azul, y calma blanca,
de cielos alcanzados
por unas manos urgentes
que no se atrevieron
a tocar los sueños,
y que se callan con las palabras
susurradas por las luces
que limitan el silencio.
Dos deseos a tiempo ganaron
una guerra incivil que no sabía
cómo dejarse ganar,
y perdieron mil batallas incompletas,
bajo las sábanas
de una mañana de abril,
en el campo donde el trigo nace ya pan.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “perdidos”

huella seminal

Transcurro fluyendo
por un escenario
al que llamaron vida,
y me mezclo con el aire
en el que se gasta el tiempo,
un tiempo de latidos a pasos,
sobre las huellas de cristal
que deja en la arena,
el tapiz del recuerdo
que algún día no sólo lo fue.
Ahorro la transparencia
del oxígeno que no respiró
el pulmón rojo de la sabiduría,
y ahogo las milésimas primerizas
en el último segundo del minutero,
sabiendo que la razón
cerró la puerta al desaliento
de los nacimientos sin fecha.
Da lo mismo si Platón
no quiso ser Aristóteles,
o que las órbitas abandonasen
las elipses que anillan el cielo,
da lo mismo que igual
sea igual siempre a cero,
pues cero es el ruedo
donde habitan los desterrados
del país donde todo vale,
al menos, un civilizado euro.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “huella seminal”

Dos angelitos

Dos angelitos

Una vez tuve un sueño extraño. Fue muy vívido, pero lo recuerdo tan lejano que siento como si hubiera sido en otra vida. Durante muchos años lo había borrado por completo de mi mente, pero ahora ha vuelto y no puedo sacármelo de la cabeza.
Vos y yo éramos dos angelitos en el cielo ¡Ja! ¡Qué tontería! Estábamos en una fila larguísima, en la que miles de angelitos como nosotras esperaban su turno. Sin embargo, avanzaba rápido. Recuerdo que a vos te tocó antes que a mí. Nos dijeron que seríamos niñas, y que nuestra sangre se mezclaba en algún punto del pasado. Una forma un poco rebuscada de decir que seríamos de la familia (nada era muy claro en ese lugar). Así que, antes de que bajaras, nos detuvimos un minuto a charlar. También nos habían dado un papelito doblado, que teníamos terminantemente prohibido mirar. Yo, obediente, hice lo que debía: guardé mi papel en el bolsillo del camisón y ni pensé en verlo, hasta que noté que vos lo estabas desdoblando.
-Yo lo miro- dijiste, encogiéndote de hombros.
-¡Pero eso no es lo que hay que hacer! Tenemos que entregárselo cerrado a la señora de negro que está en... - pero no me dejaste terminar y ya habías abierto tu papel. Te quedaste sorprendida al principio, después te reíste:
-¡Ah, bueno! Siendo así... ¡Menos mal que lo abrí!- y tus ojos brillaron de forma extraña. Entonces no aguanté la tentación y abrí el mío. Vos viste mi papel y yo el tuyo. Y nos miramos. Yo no sé qué cara habré puesto, pero la tuya me quedó grabada: no era de enojo ni mucho menos, era tu expresión pícara y despreocupada de siempre. Era evidente que sabías qué hacer.
En eso estábamos, cuando un señor de barba blanca se nos acercó muy enojado. Nos dijo que, apenas tocáramos la tierra, debíamos olvidar lo que habíamos leído y su significado. Pero vos me miraste de reojo, y supe que no tenías la menor intención de hacerle caso.
Y te tiraste para abajo.
-¡Nos vemos!- me gritaste desde el aire. No esperaste el transporte que debía bajarnos, te tiraste en caída libre y revoloteaste un buen rato usando tus enormes alas, dejándote llevar por el viento y haciendo cabriolas. Flotabas entre las nubes ligera como una pluma, riéndote y disfrutando a pleno del viaje. Yo sacudí la cabeza. No se suponía que bajáramos así. Esperé mi transporte con las alitas bien plegadas y bajé como dios manda.

Ahora que ya te has ido, este sueño ha vuelto a mi memoria y puedo ver todo con claridad, especialmente lo que estaba escrito en tu papel. Sólo era un número: treinta y cinco.
Y el mío... el mío... si yo también me hubiera acordado de él... si no lo hubiera olvidado todo apenas toqué la tierra... .

NOFRET

vuelta de noche

He vuelto a las noches
donde los sueños son suelos rotos,
a los tragos de las barras
donde el amor tenía el precio justo,
y descoso de mi ropa cansada
las palabras que dolían tras pronunciarlas.
Remo sobre la madera de una vieja barca
llena de agujeros de tiempo,
mientras en el mar se dibujan
innumerables montañas rusas con vida propia,
que mojan el ánimo, en cada embestida,
con las lágrimas de sal de las penas.
Pierdo el libro que te enseña
cuando tras la puerta no queda calle,
ni pies que vayan de aquí para allá,
ni manos buscando manos perdidas,
pierdo todo lo importante que exportas,
cuando me importas todo ese aroma a ti.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “vuelta de noche”

teoría

Háblame del sabor a caramelo
que dejan los besos ciertos,
o de las montañas, casi secretas,
que cubren sin nieve los cuerpos,
y cuéntame el porqué dos veces,
mientras la hiel pasa de largo
los pasos que envenenan despacio.
No repares en si es pronto, o tarde,
que nunca es tarde
cuando pronto no será otra vez,
ni te tiñas en el gris de las nubes
que llenan de otoños el cielo,
que en el gris llueven sueños,
y esos sueños sólo saben crecer.
Haz del agua una materia seca,
y que el desierto sea una barrera de coral,
inventa la noche de día, por su belleza,
para que en las piedras de canto
las aristas afinen sus tonos,
y de a poquito, los comiencen a cantar.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “teoría"

brisa de universo

El incalculable tamaño del universo
se hizo humilde para caber,
sólo por una noche, y de noche,
en aquel metro abrazado de arena.
El viento fue caricia sobre la piel,
y la piel se hacía cosquilla ligera,
susurrando las palabras de aire
que volaban, livianas, desde ultramar.
No hizo falta mirar hacia atrás
para saber que detrás estaba el mundo,
mientras frente a todo, habitaba un mar
que no se atrevía a despedirse,
amagando su adiós una y otra vez.
Por las noches el cielo miente al tiempo,
y sus brillos de antes nos dicen ahora
que no siempre el final es el fin,
si aún queda un metro abrazado de arena...

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “brisa de universo”

luces

Desde la ventana veo
un jardín de luces,
plantadas cuidadosamente,
en orden hacia el infinito.
Hacen líneas que serán
un punto, cuando la lejanía
sea su único nombre.
No creo que haya motivos
para apagarlas a causa
del cumpleaños del viento.
Dame la temperatura
en la que encuentre la calma,
y la calidez en sus labios
que saben a mil noches en una.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “luces”

Mi vida con César

César y yo vivimos juntos durante casi diez años. No me imagino la vida sin él, siento que ha estado a mi lado desde siempre.
Al principio era muy dulce y siempre me hacía reír. Hasta que un día, a menos de un año de convivencia, sucedió la primera agresión; no fue muy fuerte, pero me dolió y, casi sin pensarlo, le devolví el golpe. Él se quedó mirándome descolocado, evidentemente no se imaginaba que era capaz de defenderme. Pero, ante mis respuestas, se encolerizaba más y todo se salía de control. Así que no le di demasiada importancia al asunto y opté por ignorar sus ataques de violencia, porque eran parte de él, era su esencia, y yo sabía que nunca sería capaz de hacerme daño realmente.
Todos quienes lo conocían lo encontraban encantador, pero Inés, mi única amiga, sabía de su temperamento y alguna vez se sinceró: "Vos y tu César... no sé cómo lo aguantás..." Es que nunca pudo entenderlo, sé que siempre me consideró una estúpida por quererlo así. Nunca comprendió cuánto necesitaba su compañía; y es que, cuando no estaba enojado, podía ser tan dulce como en los primeros tiempos, despertarme a la mañana con una canción, hacerme reír... y yo estaba tan sola...
Yo lo aceptaba como era. Y tal vez fue por eso que siempre le perdoné todo: porque él era el único que me aceptaba tal cual soy. ¿Por qué la violencia? Nunca lo entendí, él era muy difícil de comprender, se me hacía imposible entrar en su mente y leer sus pensamientos. Cómo me hubiera gustado poder hacerlo, especialmente cuando, por cualquier pequeñez, montaba en cólera y comenzaba a atacarme. Pero los momentos de afecto y alegría me hacían olvidar sus tontas agresiones.
Cuando enfermó sentí que mi alma se estrujaba. Lentamente, había ido perdiendo su carácter, y siempre estaba cansado y sin apetito. Pasó poco tiempo antes de que supiera de su enfermedad. Él nunca supo lo grave que era, pero el doctor Valman me había dicho la verdad, aún recuerdo sus palabras “No hay forma de saber si el tratamiento va a funcionar, hay que esperar”; le hablé de internarlo, pero me respondió que no haría diferencia.
Una noche, César estaba especialmente mal. Temerosa de lo peor, llamé a Valman: “Si mañana sigue igual, lo llevamos a la clínica”, me respondió. Pero el tono de su voz no hizo sino intranquilizarme aún más.
Intentando disimular mi angustia, entré al cuarto de César, pero lo hallé profundamente dormido. Me descubrí llorando: "César, no me hagas ésto, te necesito, no me dejes" murmuraba para mis adentros. "Te quiero, César" y las lágrimas corrían por mi rostro.
Siempre supe que, posiblemente, la diferencia de edad lo haría partir antes que yo, pero no estaba lista para ésto, aún no, no resistía la idea de perderlo.
Me llevé una reposera a su habitación, y me recosté sin hacer ruido.
Finalmente, el sueño me venció. Desperté como tres o cuatro horas más tarde. El cuarto estaba en penumbras. Yo estaba de espaldas a él. Intenté darme vuelta: no me atrevía; tenía terror de ver sus brillantes ojos negros cerrados para siempre.
Me revolvía en la reposera, sin hallar el valor para mirarlo. Pero él vio mis movimientos, se dio cuenta de que estaba despierta.... y me dedicó su canción, la misma que me había cantado por casi diez años. Me di vuelta en un segundo: "¿César?... ¡César!¡Estás bien!" Fui hasta el comedor y llamé al doctor Valman: "Hola doctor, soy yo, la dueña de Ave César, el tortolito; está despierto... ¡y cantando!" "Ah, entonces era una infección" me respondió, "Si ya está contento, no se preocupe, se va a recuperar del todo".
Mientras hablaba con Valman, Ave César se había acercado con su cola desplegada en abanico y, dejando caer las alas, le hacía su gracioso bailecito a mis pies, intentando seducirme. Como siempre, me hizo reír. Luego voló a mi falda y se dispuso a seguir durmiendo."Ah, no señor, no se acomode que yo me voy a la cama"; pero, cuando intenté agarrarlo para llevarlo al lavadero (su cuarto privado) la emprendió a aletazo limpio, tratando de liberarse, de imponer su voluntad "¡Ay, César!¡Me dolió! ¿Tenés que enloquecerte así? Te vas a lastimar ¡Basta! A dormir".
Mientras pataleaba impotente entre mis manos, le di un beso en su cabecita azul, y me alegré de poder contar con su afecto incondicional por un tiempo más, por tener quién me haga reír, quién me dedique una canción en las mañanas.

NOFRET

cromopatía

Aquella persona tenía una curiosa diferencia con el resto de la humanidad, no tenía color propio de piel, por lo que adoptaba los colores que le rodeaban. No se sabía el porqué de aquella incoherencia epidérmica, y el principal problema que se encontraban las personas de ciencia, para investigar sobre semejante disloque cromático, era la imposibilidad de ver al paciente, ya que dominaba inconscientemente, y a la perfección, el arte del mimetismo.

© pokit in a pocket ch.a.d.t. “cromopatía”

tal vez

Nadie sabe cuándo nació
en el centro de un día de sol,
pero las mañanas eran
del color al que sabe la miel,
cuando la timidez de su cuerpo
se hacía, con cada centímetro, luz.
No tenía otra edad más allá
que la de la brevedad de un abrazo,
y en la dulzura de su boca
esperaba otra boca,
que besaba mordiendo
a unos labios que se desgarraban
en aquel blanco y rojo de gloria.
Puede que algún día
llegue a tocar el cielo,
o que la guerra se exilie
fuera del planeta Tierra,
puede que el mar
se vuelva sólo un charco seco,
pero olvidar su sabor a todo,
eso sería morir después
de llegar tarde al primer día de mí.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “tal vez”

Pulga Da Vinci

Pulga Da Vinci

Hoy, el Pulga, ha decidido ser inventor... Hay días en los que sería mejor que el Pulga no estuviese vivo, y no lo digo por molestar, lo digo porque en uno de esos días inventivos que tiene, nos va a quitar la vida él a nosotros. El Pulga es majo, yo le quiero, pero no deja de ser un error espaciotemporal en este planeta. Yo no digo que no haya más “Pulgas” en el universo, pero lo que está claro es que él no debería estar en la Tierra, y además ni tiene madre, ni “pleisteison”, ni futuro, porque el Pulga no tiene futuro, al menos sano, y aquí anda sufriendo el pobre.
Por ahí lleva toda la mañana diciendo que va a inventar un invento que lo invente todo, y no se da cuenta de una cosa muy importante, si inventa lo que invente todo, hunde el mercado futuro de inventos. Al paro todos los inventores, hala, porque el Pulga tiene un día creativo. Somos dos marginales, lo sé, pero eso no le da derecho al Pulga a ser un terrorista laboral, así que voy a ver si le convenzo de que se haga monje budista, o estatua de sal, algunos días, sólo algunos días, que así estaremos más tranquilos los demás, y sobre todo, su madre muerta puede que comience a estar orgullo... bueno, puede que comience a reconocer que es su madre, porque al Pulga le duele tener una madre muerta que no reconoce que es su madre, ni desde el más allá...

© pokit in a pocket ch.a.d.t. “Pulga Da Vinci”

noches de días

Una noche a su lado
es un espacio de luz
sin palabras de más,
una fiesta donde los cuerpos
en silencio se dicen
todo aquello que el día calló,
por miedo a las costumbres.
Una noche a su lado
es una ventana a la vida,
y en su ida vive mi muerte,
de a poquito,
asesinada por los besos
que saben a la verdad
de las bocas urgentes,
y que visten nuestra desnudez
con los labios, una y otra vez.
Una noche a su lado
es descubrir lo que ya sabía,
y en su savia bebe mi sed
los sabores que una piel
me regala desde el deseo,
mientras el tiempo
es una palabra inútil
que sobra en las batallas
de una guerra de dos, en calma.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “noches de días”

sales de arena

Deja que me acueste
en el perfil de tus días,
cuando es de noche
en los bares que no cierran.
Déjame escribirte labios,
cuando la voz es poca,
y en las faldas de la arena
se despiden, de ida y vuelta,
todas las olas que habla el mar.
Cruza por las calles
en las que el sol es nombre,
y yo atravesaré las tormentas
de una, y mil, gotas de sed.
Muéstrame el camino
que no me lleve a puerto,
y deja que la niebla
firme con rocío,
dos nombres escuetos,
letra a letra,
en el papel en blanco del ayer.


© pokit in a pocket. ch.a.d.t.

de camino

Duermo las noches vacías
que se me llenan de sueños,
se disponen en orden,
uno tras otro, sobre las nubes
que esconden la luna
hasta la que quiero llegar.
Me dejan ser, sin miedo,
el campeón mundial
del combate a muerte
por la vida de tu cuerpo,
y camino las calles
donde las figuras entienden
que el cielo puede cerrar.
Tengo noches en vela
sin viento, ni marea,
noches dobles en el tiempo
para callar dos ojos sin voz,
tengo velas, sin barcos,
y un corazón de noche
con la pata de palo,
que no para de cojear...

© pokit in a pocket ch.a.d.t. “de camino”