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pokit in a pocket

kilómetros de memoria

He dejado de recordarte en voz alta,
para que la vida siga creyendo
que aún no te has ido vestida de adiós.
Quiero volver a encontrar tu desnudez
dándole sentido al atrevimiento de la luz,
saber que estarás presente,
más allá de donde el pasado testarudo
se empeña en seguir siendo antes de ayer.
He tenido que dejar de creer en la fe,
alejarme del lienzo donde la piel
pinta las formas de tu forma,
y me dedico a romper las hojas
que escriben con la vida un libro,
mientras en el aire, y el viento,
se conjugan las transparencias
de los vuelos de los pájaros de papel.
Cerraré por derribo cuando me caiga,
o cuando un traspiés me traspase
al silencio eterno del otro lado de la calle,
pero volveré a frecuentar las esquinas
donde mayo se citaba a diario con abril.


© pokit in a pocket ch.a.d.t. "kilómetros de memoria"

marchukom

Marchukom es un pequeño lugar, muy pequeño, al que la cartografía ignora. No aparece en los mapas, ni en los físicos, ni en los políticos, ni tan siquiera en los militares que todo lo saben. Marchukom no figura en los mapas porque nadie sabe dónde está, aunque siempre se llega a él cuando el viento empuja su rumbo al sur.
Es una patria que no es país, no tiene fronteras que delimiten los sitios de vida, ni bandera por la que derramar sangre al ritmo hipnótico de un himno como todos.
Sus habitantes son dos, solamente dos, aunque en su tierra caben todos los que quieran, y sepan, llegar hasta él. Se desconocen las fuentes de ingresos que respaldan la economía de este paraíso sin fiscal, puede ser que su riqueza resida en la ausencia de ambiciones materiales, y en los recursos naturales que proporciona la ilusión por no dejar de ilusionarse nunca.
En Marchukom es posible escuchar a los atardeceres, mientras el sol comienza a volverse tímido, y se ruboriza ante la cita diaria que tiene con la línea del horizonte, cuando el día se besa con la noche en el cielo. Más tarde, bajo la profundidad del azul eterno, los relojes de pared se paran, todos a la vez, y esconden las horas, poniéndolas a salvo del temible paso del tiempo, que es un tipo que habla alemán con un perfecto acento suizo. Es imposible medir lo que dura el espacio que ocupan los sentimientos, no hay un "quererómetro" fiable, nadie lo inventó, por lo que, en Marchukom, se agrupan los átomos que forman lo bueno, y permanecen así para volver a empezar otra vez con la jornada siguiente.
Sus valles acunan la caligrafía que escribe arabescos de agua, mientras en sus llanuras, no sirve la eternidad de la vista para llegar hasta el fin, allá donde se bañan los mares que enseñaron a nadar, al reflejo curvo de la luna viajera frente a la desnudez de dos cuerpos. Su historia es la esencia del color del vino tinto, y se bebe, de ella, la raíz que aprendió a saber la verdad que cuenta el sol a través de la tierra, mientras las vides sudan la vida con cada gota de uva nueva.
No hubo próceres en su fundación, ni grandes eventos coronados por paradas de ejércitos que no paran de matar la vida. En su principio sólo estuvieron dos sueños a punto de comenzar a ser verdad, una utopía travestida de realidad, y la inquietud que escondía toda esa calma que quedó para otro momento. Se constituyó sin una constitución, sin la gravedad de la ley que condena la libertad de autocondena, y sin el miedo que alimenta a la corrección social. Marchukom nació de una palabra con otra, y las palabras formaron frases que, al desnudarse, tomaron cuerpo para aprender a contar las historias de la piel, y sus adentros.
Marchukom tiene muros franqueables, para que quepan los paseos de la libertad, cuestas hacia arriba, que sólo se pueden bajar, y noches que comienzan en el primer metro de un viaje que sabe a sal, y a tiempo al revés. La lógica de la física se diluye en esta patria de dos, sabe de lo relativo de la relatividad, y no se atreve a plantear teorías que fracasarían con la misma seguridad que triunfa la ausencia de ellas. En Marchukom uno más uno pueden ser muchas cosas, pueden sumar lo que quieren ser dos, o ser una rebelión en contra del aburrimiento, puede significar todo, sin la necesidad de decir nada, o ser las vísperas de lo que se dejó sin hacer ayer. No hay reglas que hagan reglas, ni guardias que velen por las buenas costumbres, en las guardias absurdas que impone el temor a lo desconocido. Marchukom es una patria donde todo vale, hasta la nada, y así quiere no querer dejar de ser nunca, al menos mientras siga torciéndose la luna en la noche del cielo, y la mañanas lleguen a la vez que el beso despertador de una sonrisa recién dicha a la luz.

© pokit in a pocket ch.a.d.t. "marchukom"

testamento de alguien

A los que le enterraron en vida,
les dejó la soledad de su muerte
envuelta en papel de celofán,
con un lazo en la cumbre de ella,
donde se ahorca la cordura
de un beso lanzado desde el edén.

A los que le dejaron el camino,
les dejó sus pasos sin rumbo,
y el idioma que se pierde tras las huellas
de mil kilómetros por andar,
cuando en el suelo no queden metros
donde encontrar un lugar de libertad.

A los que le cuidaron del frío,
les dejó el calor de la luna
que dejan las noches de agosto,
y una hoguera donde secar el alma
mojada por las letras líquidas
de los meses que hablan en invierno.

A los que supieron callar,
cuando sólo podía escuchar el silencio,
les dejó el balcón que asoma a la calma,
y una orilla hecha con los bordes de otoño,
cuando los árboles regalan al suelo
sus copas para brindar en el nuevo sendero.

A la pobreza le dejó su riqueza,
con los agujeros que dan al cielo que no rezará,
y a su vida le dejó las ropas de la muerte,
para que se desnude de ella,
y vuelva a ser un átomo en el universo
donde nació el tiempo que no se gasta deprisa.


© pokit in a pocket ch.a.d.t. "testamento de alguien"

año nuevo, navidad vieja

Voy a cambiar de sitio los días que comienzan con el año nuevo. No quiero seguir padeciendo lunes que pesan como trece martes, ni esos ataques de otoño que pintan con colores pardos el tuétano de lo que sentimos. Quiero un año en el que los buenos propósitos no caduquen a finales de enero, un año que sirva para entender que los deseos de paz, amor, bienestar, y salud, no nos lloverán nunca desde el cielo, pues es en la tierra donde debemos fabricarlos. Reconozco que no soy un espíritu navideño, las navidades me duelen desde noviembre, hasta febrero, me empacha el soniquete a "kumbayá" que oigo protocolariamente en las calles, y aborrezco la desfachatez con la que los escaparates marcan el precio de la diferencia de clases de vida. Puede que el año que asoma por la esquina de mañana sea un año lleno, pero si viene lleno de vacíos, mejor sería que pasase turno, y dejase el sitio a un año, aunque sea usado, pero lleno de llenos.
Por cierto, los Reyes Magos son los padres, o sea, que lo mismo, el niño Jesús es un primo de Calatayud...


© pokit in a pocket ch.a.d.t. "año nuevo, navidad vieja"


- El equipo de pokit in a pocket desea paz para el mundo, y lo mejor para sus inquilinos, incluído un pokito para el jefe Chus -

Marta, Mariela, y Alejo, desde Argentina.
Carla, Analía, y Mircia, desde Chile.
Esther, y Juan Carlos, desde España.

no supieron

él dijo: - te amo
ella contestó: - te amo
y en el abrir de sus bocas se escapó el querer...

Y en el abrir de sus bocas se escapó el querer,
porque quisieron decirse todo lo que no se decían
desde más tarde de las diez,
unas veces sí, otras no,
y otras, tal vez.

Y en el soñar de sus ojos no entró la luz,
porque quisieron ver lo que estuvo a sus espaldas,
una vez que ya no quedaba nada frente a ellos,
y conocieron el significado del vacío
que dejaban los pasos sin camino que andar,
en la senda que finalizaba antes de llegar
de nuevo a la ausencia de siempre.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. "no supieron"

ruegos y preguntas

Le he pedido al infinito
que me lleve hasta donde termina
la fuerza de una bala,
y que allí me cuente
el secreto de un suspiro,
tejido en la cuerda
donde se secan las añoranzas.

Quiero entender la caligrafía
de la relatividad rotunda,
saber porqué no existe
el tiempo en cinemascope,
comprender que las elipses
sólo son rectas en la brevedad
de un nanosegundo puntual.

Sé que es un delirio más,
o sólo la intención
de unas hojas llenas de pasos,
mientras otoño se esparce
por los caminos del suelo,
para no dejar al olvido
la derrota de un cielo exclusivo,
y vallado por la inocencia del miedo,

Es posible que escuche
a la velocidad pasar a mi lado,
es posible que la sal
deje de amar a la arena,
y que el océano se gire
para saber a un beso de nube,
o al brillo de una estrella
que señale el camino del sur.

Le he pedido al infinito
que me enseñe una sonrisa
sobre la faz de la guerra,
y el infinito se vuelve avestruz,
con la cabeza escondida
en las entrañas de la tierra...


© pokit in a pocket. ch.a.d.t. "ruegos y preguntas"

flores de asfalto

Dejaría que el viento
decidiese borrar el aire,
o que el mar estudie en la tierra
para ser desierto,
dejaría que la Luna
se escapase a las estrellas,
pero me asusta que el silencio
quiera ser un sonido eterno.

Ya ves cómo el azul
se retuerce para decir olas,
y a los niños de la calle
muriendo una niñez
empeñada en pasar de largo,
ya ves que nada se ve claro,
entre tanto jardín hecho
con los suburbios de la vida.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. "flores de asfalto"

autoejercicio

Tuve que apretar fuerte el tiempo
de una noche árabe de ayer,
dejar para el olvido la letra pequeña
que no leí en el contrato de la vida,
regalé los arcos de los patios, a mayo,
y mi memoria se quedó a vivir
en la cintura de una copa de vino,
que no sabe dejar de saber a sed.
Comencé a llegar tarde al atardecer
que se dibujaba en las calles,
ignoré que mi destino estaría, posiblemente,
unos metros por debajo del suelo de Dante,
pero no quise olvidarme del sonido a azul
que hacen las letras que decían un nombre.
Supe aprender a dormir en los vagones
de un tren que viajaba solo por las vías muertas,
me corté en el cristal roto de la respiración
que enfría a la estación del abandono,
y quise insultar a la eternidad
que hacia breves los minutos de tu sabor.
Vi como las hojas se doblaban
sobre el color que pinta el ánimo de otoño,
mientras la lluvia no dejaba de contar
historias a los pasos que caminan mojados,
y en la tierra se diluían los átomos
que dejó escapar hacía tiempo el sol.
Pude huír de lo que me tenía preso,
pero la libertad no siempre nos deja libres,
cuando en un beso se encierran las fechas
de una condena perpetua encadenada a ti.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. "autoejercicio"

huella

Me dijeron que dejó su huella
bajo mi piel diaria, y en ella,
busqué el tacto de las utopías
que traducen la luz,
mientras las nubes
no querían dejar de llover
con las gotas de su recuerdo.
Es una huella de aire, y de tierra,
que huele al color de la luna
prendida de los pasos del mar,
es azúcar blanca, y café moreno,
para un abril que se exilió a enero,
cuando el horizonte era un cuento
entre el firmamento y la sal.
Quise entender la física del tiempo,
comprender porqué mi cielo
se empeñaba en ser diferente
a las horas que giran su cielo,
y rubriqué con una equis,
sobre la incógnita de un beso,
la declaración de principios
que anunciaba el comienzo del final.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. "huella"

se ha perdido una mujer

Se ha perdido una mujer
tras los pasos sin peso del cielo,
en sus líneas se dibujan
mapas hechos con canela,
y en sus brazos,
las ramas con las hojas del otoño,
que no dejó de ser nunca
un mes en el sitio de abril.
Se ha parado el reloj del tiempo
que marca las horas del tiempo,
y en su cuerda se desatan
las credenciales anónimas
que hacen, de la cordura,
una esquina vertical en el silencio,
donde las palabras que se escuchan
son ecos de la voz muda,
dictadas por la ausencia
que tanto reclama la sangre en el pecho.
Tras esa mujer viajan las olas
que vacían de monotonía el mar,
los rincones en los que se pierden
los rincones del resto del mundo,
y las mañanas de una piel nueva
a la que ya se conocía desde ayer,
cuando el ayer era un mañana,
y el mañana una espera,
que esperaba la llegada otra vez del ayer
vestido sin la ropa de esa piel nueva.
Se ha perdido una mujer
con la brújula que dice el nombre de enero,
y con ella, la paz que deja la calma
de las guerras que se ganan
con la lucha de dos cuerpos.


© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “se ha perdido una mujer”

futuro pluscuamperfecto

Cuando deje de beber la tierra
de su sed seca de cielo,
y las uvas olviden
la eternidad de brillo cóncavo,
licuada en la brevedad del cristal
habitado por vino,
se me dibujarán los mapas imposibles
para poder ser un regreso de nuevo.
No podrá quejarse el dolor de hoy,
si al pronunciarlo una vez duele,
ni respirará el pulmón los colores
que pigmentaron el aire de oxígeno,
pero siempre quedará el sabor de las bocas
que no quisieron callar
el gusto por los besos atrevidos.
Quisiera hacer materia con mis palabras,
revivirlas más allá del papel,
para poder ser el pedazo de sueño
que cobija la luna de tus noches,
y abrigar este frío rotundo
que nació en la distancia,
para quemar justamente aquí.


© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “futuro pluscuamperfecto”

mentira

Escribo letras que no son de nadie,
y que se dejan la piel en cada gota de tinta,
para sublimar lo que la física niega
con el frío que duerme en mi lado de la cama.
No tiene la retórica suficiente descanso
para soñar una caricia sin lluvia,
ni las ventanas quieren enseñarme
lo que hay más allá de sus fronteras de cristal.
Veo mis dedos negando diez verdades
que no tienen un destino final concreto,
y en mi cabello han comenzado a crecer ramas
con los frutos desechados por una utopía.
Así me encuentro cuando estoy a la espalda
de lo que yo quería haber querido que fuera,
perdido tras los mapas de las medidas
que dicen la belleza que encierras dentro, mentira.


© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “mentira”

papeles por los suelos

Me gustaba escuchar a los papeles que encontraba en la calle, los que nadie quiere, y tira sin importar el sitio donde caen. Todos los papeles me contaban algo, aunque mis preferidos eran los papeles disidentes, los que saltan con la ayuda del viento, desde las papeleras, al suelo. Tras tantos años de frecuentar las venas en las que se gasta la ciudad, conocí a papeles para todos los gustos, con todos los colores imaginables, y de todas las formas posibles que les permitía la física papirofléxica. A lo largo de ese tiempo escuché a los cinco continentes en pedacitos. Había conocido recados de compra, números de teléfono a los que nunca me atreví a llamar, nombres que se volvían anónimos en mis manos, y alguna que otra nota de suicidio sin la firma de la muerte. La sensación que nacía ante aquellas formas era la misma que regala el oxígeno a la sangre, o la calma que ofrece el agua a la sed de la soledad que se agrieta a solas, cuando el descanso para tanto cansancio no es otro que el de no dejar de caminar. No necesitaba leer las letras escritas para saber qué decían aquellos trozos de vida poliforme, de hecho nunca lo hice, siempre preferí escuchar el ruido que las arrugas me susurraban al estirarse la fibra entre mis manos, mientras retomaban la forma educada de ser papel. Aprendí a reconocer los acentos de los árboles en ellas, la suavidad que habla la “ce” latinoamericana, o la rubia rotundidad inamovible de la “che” anglosajona, se mezclaban con el ritmo de la “te” africana, y la perpetuidad asiática de la letra “ele”. No tuve ninguna preferencia de clase, raza, o credo, escuché con la misma atención la solemnidad de un papel con membrete, que el desconsuelo de una bolsa rota con el fondo perdido. Podía reírme con un papel secundario olvidado por el guión de la vida, y llorar hasta el agotamiento escuchando las historias de una entrada no usada de cine. Encontraba la misma buena predisposición en el ruido del papel cristiano, que en el aroma curvo que luce la media luna de Alá, entendí la calma meditada de oriente, y disfruté con las coloridas deidades africanas al danzar. No podía pedirle más a la vida, tenía a mi disposición el universo, y sólo yo lo sabía.
Me dio pena el desconocimiento que aprendían los demás, la trágica situación de aquella gente que ignoraba semejante grandeza del humanismo de a pie, y quise compartir mis conocimientos con el prójimo. Ocurrió que el prójimo andaba liado con la hipoteca de otro prójimo, que no tenía ya más vida para hipotecar, y no tuvo tiempo para prestarme atención cuando supo de mis variables intereses. Caminé por calles repletas de prójimos sin tiempo para reparar en mis sabias palabras, sordos de pies y manos, se desgastaban dentro de sus zapatos de cemento gris, y cordones de acero, para llegar siempre a ningún sitio de su agrado. Entonces me di cuenta de un detalle que me llenó de desasosiego. Vi cómo aquellas personas tiraban sus papeles, y supe porqué en ellos encontraba vida, una vida que se les caía a trozos, sin tiempo para recogerla.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “papeles por los suelos”

perro apaleao

Llevaba el olor que dejan las partidas perdidas pegado a sus ropas, filtrándose por los poros de la piel, hasta emborrachar un alma ennegrecida por un derrota que no dejaba de ganarle.  Posponía para pasado mañana siempre su hoy, mientras entre las uñas de las manos, se le quedaban pegados los trozos del ayer al que se recurre cuando hay tormenta. Sus pensamientos dejaron de ser puros hacía ya muchos años, no quiso seguir la teoría general que dice; “dos más dos, son cuatro”, y se reivindicó en las matemáticas de números moldeables a la altura de la cintura.
Pagó a más de un sicario para que le matase, pero siempre se encontraba con el mismo problema; su poco tino le llevaba a contratar a asesinos católicos, y practicantes, con lo que desechaban la idea cuando observaban en el hecho un posible suicidio encubierto. Intentó olvidarse de las pesadillas que le traía el día, esas a las que ahogaba en viejos vasos, cuando la madrugada se destilaba con el sabor a güisqui de relleno. Militó en las ideas contrarias, en la disconformidad más absoluta, y supo que no debía callarse a tiempo, cuando en el tiempo se le comenzaron a gastar las palabras que no tenían eco. Tuvo una ilusión que le duró un día, y con ella, exiliada, vivió hasta donde la memoria le alcanzó para poder olvidar su patria. Su imagen dura no era otra cosa que el resultado de una infancia tierna, a destiempo. Sus pasos torpes sobre la exacta habilidad de la realidad, no le llevaron más allá de los barrios en los que se mezclan los olores de las comidas, con los sinsabores cotidianos a los que sabe el extrarradio que pasea hasta la cola del paro. Se dio cuenta de la cuenta que le daba la vida, llena de números rojos escritos con su sangre, y de balances torcidos hacia el debe de haber, pero no ha habido. Miró a las estrellas, se despidió de ellas diciéndolas: “ahora mismo nos vemos”. Recordó a sus seres queridos, y los lugares que le habían dado cobijo a lo largo de la vida. Por último, inventó de nuevo el recuerdo de ella, escuchó su voz, el sabor de su voz, el tacto de aquella piel prohibida que le rescató para perderse después. Una vez terminado el ritual de recuerdos, cerró los ojos, y dejando caer la cabeza levemente hacia atrás, se disparó un tiro en la sien, que como siempre, sólo impacto en la intención.
Ahora vive a causa de un ataque de muerte.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “perro apaleao”     

desde abajo

Pienso en la tenue luz
que comienza el día,
y cómo las estrellas
dicen su adiós tímido,
borrándose en el cielo.
Se me hace fácil saber
que están donde no llego,
algunas escondidas tras la luz
que se adelanta a ellas
velándolas hasta callarlas
bajo el pentagrama del tiempo.
Mido sus distancias imposibles,
con los pensamientos huidos
de mi cabeza de anteayer,
y así puedo escuchar
tintinear los brillos rotos
de la paradoja espaciotemporal.
Sé que se curva, casi imposible
y que en su haz de curva
se disturba el Reloj Total,
girando sobre sí mismo
con el “es”, el “fue”, y el “será
circulando las esferas de memoria
Mientras tanto me tranquiliza
la calma que acuna el sueño
de un niño cansado de jugar...


© pokit in a pocket ch.a.d.t. “desde abajo”

viviendo muertes

Vuelvo a escuchar, cada vez más cerca, la canción que entona la muerte, y su hedor a siempre injusta muerte. De qué valen los buenos propósitos por hacer, si no hay enmienda a lo que se hizo cuando el tiempo era el de antes. Me mira desde su pálida arrogancia, y cree que la creo porque es eternamente infinita, pero reconozco la razón de su mentira real, en el vacío de la mirada que ve más allá de las cosas que se ven. Se sabe alimentada por el hambre del dinero, por la locura multicolor de la banderas que exigen sacrificios, con sangre humana, como si de diosas caprichosas se trataran. Se sabe fuerte, poderosa gracias a los poderosos que tanto miedo la tienen. Se sabe sabida de memoria por los que la imparten, y dolorosamente olvidada por los que la sufren, y viven ya en ella.
Muerte que dejó de ser vida para ser muerte, y cuando fue, fue ya para siempre, ¿por qué no te mueres de una vez?

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “viviendo muertes”

petición

Quiero refugiarme del frío
bajo el calor de tu cuerpo,
cuando tu cuerpo se caliente
con el cuerpo que vive en el frío.
Quiero beber tu saliva fresca
con la sed de la distancia,
y mojarme de pensamientos
que lluevan con cada beso dado.
Quiero encontrar la verdad
que me cuentas bajo tu ombligo,
jugando, de a poquito,
en el sabor que te dibuje los sueños.
Quiero las noches de tus días,
y los días que no terminan de noche,
para dibujarte cuando no estés
al alcance de la luna cómplice.
Quiero las horas que me faltan
en el reloj con la esfera de ayer,
y que tus segundos lleguen a ser
los primeros en gastarse sobre mi piel.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “petición”

sueño de memoria

Imagino cielos dibujados de nubes,
en los que no caben los dioses
que alimentan el miedo de la inocencia,
y en ellos se vuela con la libertad
del viento que silba llamando al viento.
Invento caminos de extramuros,
que te llevan hasta la fuente
de la que brota el agua del alma,
y por ellos es posible caminar
bebiendo de la paz, y de la guerra,
que se lucha sudando cuerpo a cuerpo.
Sueño con noches que doblan los días,
cuando en la memoria aún queda por beber
la tinta escrita en el vino de una copa,
y en los labios se acomoda el sabor
desde el que es imposible querer olvidar.
Ahora leo a diario el diario de lo cotidiano,
y en las calles donde se escriben las letras,
he colocado un cuartito para esperar el sol.

© pokit in a pocket. Ch.a.d.t. “sueño de memoria”

ser sur

Quiero ser un marinero del sur
cuando la vida entera se me ondula
en el mar de olivo, que sólo tú eres,
salpicándote espuma blanca de cal,
y teja roja, para las velas de veleros
que te surcan pacientemente quietos.
Me reconozco en el aire de tu calle,
tras las rejas donde la sabiduría
se riza con el aroma de las macetas,
y en el azahar que predice, blanco,
los atardeceres naranjas de tus mañanas.
Busco en tu empedrado mis pasos,
y los encuentro tras el cabello negro
que firma arabescos en el viento,
sin querer ir más allá de donde tú estés.
Oigo las palabras de tu voz antigua,
esas palabras que quisieron callar
con las mordazas de la ignorancia,
y me prendo de ellas para poderte tocar
en la media luna que me despierta los sueños.
Desnúdame con el rojo de tus labios,
y enséñame a ver el alma con los ojos
que miran desde los arcos de tu cara,
para que la primavera no olvide
que nació, sólo cuando tú quisiste ser tú.

Quiero ser tu marinero del norte, sur,
y olvidarme de todos los nombres de enero...

© pokit in a pocket, ch.a.d.t. “ser sur”

la muerte viva

Muerte que mata y no muere,
deja que te lave el rostro
que me impide verte digna,
y llévame lo más lejos posible
de esta tierra tatuada con grietas.
Con el oscuro miedo de tus cuencas
se fabrica la sombra de la ansiedad,
la soledad del frío desolador,
mientras con tus olvidados labios
no dejas de nombrar nuevos hijos
que no supieron negarte la evidencia.
No busco besar tu sexo de ayer,
ni las manzanas podridas de ti,
no te añoro más allá de mi vida
cuando te encuentro mostrándote
donde todos pueden querer verte,
pero sí quiero bailar contigo, a solas,
el último latido que exija mi corazón.

© pokit in a pocket. ch.a.d.t. “la muerte viva”