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pokit in a pocket

vía de servicio

La estupidez de lo paralelo, sí,
esa inaguantable vía alternativa,
y al final, acciones paliativas
que tiñen de gris el negro.
Tal vez alguien crea
que los colores son realidad,
que no son el reflectante
resultado de la luz,
tal vez alguien se crea
que las palabras no existen
si nadie las ve, o las escucha,
y tantos "tal veces" más,
en cada esquina,
en cada recta, en cada curva.
Dime si crees realmente
que en Lisboa es mediodía,
explícame si es cierto
que los tranvías son la vía
de escape de los que escaparón
dos calles más abajo,
dime que París se cansó
de buscarnos bajo las hojas
del suelo de los árboles de otoño.
Marear el mundo éste,
que se dedica a marearnos,
sería una considerable buena intención,
y no digo acción, ni la pienso,
solamente la presencia del impulso
me valdría para llegar a pensar
que mañana dejará de ser
el maldito producto cotidiano de ayer.

"Vía de servicio"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

cuarenta años...

cuarenta años...

Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le puso un cerco a la muerte.
Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Tu mano gloriosa y fuerte
sobre la historia dispara
cuando todo Santa Clara
se despierta para verte.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Vienes quemando la brisa
con soles de primavera
para plantar la bandera
con la luz de tu sonrisa.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Tu amor revolucionario
te conduce a nueva empresa
donde esperan la firmeza
de tu brazo libertario.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

Seguiremos adelante
como junto a ti seguimos
y con Fidel te decimos:
hasta siempre Comandante.

Aquí se queda la clara,
la entrañable transparencia,
de tu querida presencia
Comandante Che Guevara.

© Carlos Puebla, 1965

de aviones y madriz

de aviones y madriz

Un pedazo de mis cosas se pierde
en cada minuto que gasto,
es tan imposible retener a la vida
entre los dedos de tacto inquieto,
como inútil es prescindir de ti
en las apetencias, esas que me habitan
en cada uno de los centímetros
que mide el vacío, las que se me rebelan
contra la pesada ingravidez de tu ausencia.
Y yo, como si fuese un enjambre de ganas,
me quedo sentado esperándote, Universo,
y reflexiono sobre la necesidad de tu olor,
y te deletreo de arriba, a abajo, la ropa
que dejará de cubrirte más tarde la piel,
cuando las letras sean en el papel de enero
una canción escrita con los acentos del sur.

"De aviones y Madriz"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

titirilandia

En la calle, el silencio era la ley de todos, el silencio que grita el miedo, el que se había apoderado de las gargantas de aquella gente, el que fabricaba la rigidez en las cuerdas vocales de la supervivencia inmendiata, esa vida al instante que, en ocasiones, era una larga, y agria, existencia hacia la muerte. Supervivencia inmediata, una redundancia que se servía en cada plato de comida, o que se dormía a la hora de la siesta, entre las rayas que las persianas dibujaban en la penumbra con el sol, una redundancia que se respiraba en bocanadas inquietas, y tímidas, para no hacer ruido, durante el día, y a través de la noche, desde el principio, y hasta el final. Entonces llegó él con todo el ruido de las revoluciones itinerantes de los titiriteros, y se plantó, inmóvil, en el centro de la plaza de aquel lugar. Miró a su alrededor, aspiró fuerte, y gritó como si fuese una tormenta de agua, y de viento. Ellos miraron, como se mira al loco, y él, como loco, los miró a todos como se mira a los cuerdos, y gritó, vociferó de nuevo con el ruido de la arena. Ellos hablaron por primera vez frases de repulsa, él escuchó la palabra última, y gritó de nuevo, ésta vez con el ruido del fuego. Ellos se unieron, y él se dispersó. En el centro de la plaza quedó escrita la palabra: Universo.
En la calle, el silencio era la ley de todos, y el Mundo comenzó a ser el almacén de los miedos para los que se autoproclamaban dioses supremos.

"Titirilandia"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

tierra

tierra

Repátriame hasta ti,
ponme en el olvido
de todas las distancias,
de todas las ausencias,
tan grises, tan de polvo,
tan cercanas a mi razón,
y tan lejanas de tu causa.
Desexíliame de ti,
y de toda esta inconsumible
mediocridad diaria de cara,
nacionalízame en el silencio
con un decreto en la piel,
o susúrrame en el himno
de tus estados sin patria.
Llévame hasta las fronteras
donde duermen los tejados
que sueñan, a tu lado,
con el sabor al que sabe el sol
de una tarde llena de veranos.
Deshilacha esta cuerda
de esparto rudo, de seco esparto
trenzado de desencuentros,
corta la fibra que se teje
con la vocación de la mordaza,
y destierra cualquier atisbo de vida,
donde habla su discurso
la boca de la desesperanza.
Contágiame con el idioma
de tus tardes a solas,
agrégame, cuerpo a cuerpo,
en las guerras consentidas
que pelean sobre tu cama,
desexíliame de ti,
y anexióname a cada uno
de los minutos que te viven,
cuando despiertas cada mañana.


"Tierra"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

la espalda del suelo

Se tumbó en el suelo, dándole la espalda al duro límite terrenal, y de cara hacia la ilimitada teoría universal. Aquella costumbre, la de tumbarse en el pavimento, o en la tierra, o sobre un muro, mirando hacia el cielo, era algo que no recordaba cuándo comenzó a hacer, pero la sensación de larga distancia en el tiempo se imponía, y hasta era posible que aquella manera de observar, o de pensar, o de, simplemente, no hacer nada, más allá de la acción de estar, tuviese su principio antes del uso de razón que se nos presupone a casi todos los seres humanos. Llamarle ritual a la acción, desde su punto de vista, era una falacia, un desaprovechamiento lingüístico, y un grave despropósito semántico, ya que en todo ritual se encuentra el fin de éste, pero en lo que él hacía no se hallaba ningún fin, sino más bien todo lo contrario: para él aquello era el principio de una nueva continuidad. Siempre, cuando llegaba algún lugar por primera vez, se tumbaba boca arriba, y observaba el cielo desde la perspectiva recién estrenada del forastero, la del extranjero que se sabe de allí, aunque nunca antes hubiera pisado en aquellas latitudes. Había recorrido más de medio mundo dándole el rostro a las estrellas, y a la Luna, cuando en el firmamento se hablaba con el acento nocturno, o al Sol, cuando el día era el testigo de la horizontalidad de su postura, y los transeúntes del lugar le rodeaban, o le saltaban, no sin antes mirarle, como se salta un charco en mitad de la acera, en la mañana de un día de lluvia. Su espalda había reposado sobre la filosófica tierra naranja de Buda, y en la de Alá descubrió el sentido de la hospitalidad que reina bajo la media luna. También se había tumbado sobre el asfalto perfecto del dios cristiano occidental, y sobre las duras piedras de sus sucursales tercermundistas, esas que con su pobreza sustentan las vergonzosas riquezas romanas. Había sentido tanto, desde el ritmo de los dioses caribeños que llegaron del África negra, y que con el toque criollo del destino habían adquirido los coloridos de las aves del paraíso, hasta la ortodoxia implacable de los fundamentialstas que veneran la inmovilidad del oscurantismo. En sus palabras breves, pero sinceras, se desprendían lo aprendido en aquellos cielos repartidos sobre la tierra de la Tierra, y en las palmas de sus manos había una línea para escribirse sobre un papel, o para contarla al viento que susurra las distancias. Así vivió años, muchos años, yendo a todos los sitios hasta donde alcanzaban sus pies, y volviendo a ninguna parte, así eligió ser el tiempo de su tiempo, rechazando los relojes de número digital, y las fechas que no se atrevieron a salir del calendario. En su mente existieron mil idiomas diferentes, en sus latidos vivieron los kilómetros andados, en sus ideas convivieron las diferencias, y en sus palabras se contó la historia de muchas historias. Él sabía que su muerte sería a causa de un derrame provocado por un virus macronacionalista, que habitaría en las fronteras de las banderas, y que habría mutado en un nacionalismo lamentablemente provinciano, con síntomas de raza elegida, y de fascismo bien educado a causa de un producto interior bruto, realmente bruto, y desahogado. No encontrarían sangre válida para él en aquella tierra, su factor sanguíneo era universal, y en los hospitales de las sociedades que viven adosadas, sólo había sangre políticamente correcta, y de poco valor natural.
Respiró tranquilamente, se tumbó como lo hacía siempre, miró hacia el Universo, y quiso ser por última vez él.

"La espalda del suelo"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

noticias de arena

Recibo noticias
que saben a arena,
a tierra desterrada
de algún país
que no supo que tenía
las fronteras derrotadas
en cada uno de sus metros,
y no lo quiso saber,
ni lo sabrá jamás.
Sobre las ruinas
de su propia contradicción
reposa el tiempo
materializado en polvo,
en olor a cerrado
por la liquidación
de unas ideas
que se pensaron tarde,
que dejaron para luego
la paz tan necesaria.
Es posible que no queden
más días para llegar
a ser un aprendiz de feliz,
puede que no queden besos,
ni bocas,
y que sólo un muro,
vergonzosamente gris,
sea otro horizonte más
del ayer por derribar.
Para qué la felicidad,
para qué la tristeza,
para qué tantos juramentos
teológicos que logran
el desinterés por la divinidad,
esa puerca deidad
que salva sólo al que cree.
Recibo noticias
que saben a arena,
a desiertos repletos de exilios,
de gritos, que satisfacen
a la necedad del bien vestido,
e ignoran a la voluntad
del desnudo de pan,
que tuvo que vivir
con la muerte a cuestas,
y tuvo que morir
sin derecho a réplica alguna.

"Noticias de arena"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

personalmente río

Soy un río absuelto
por la escueta sequedad,
pero tengo manos,
piernas,
tronco,
cabeza,
pies,
tengo lo que cualquier ser
tiene en sus extrarradios,
aunque soy una corriente alterna
de curvas, y de "HACHE-dos-Ó".
Esculpo, con mi paso,
las aristas de las piedras
que se bañan
con sus brillos minerales
en el fondo,
doy cobijo a seres escamosos,
y escamantes,
que pronuncian, bajo el agua,
consignas de un revolución
con palabras que suenan a; "glu",
e interfiero sobre la vida,
y la superficie,
de un mundo achatado,
polo a polo,
con el cielo urbanizable
hasta el techo,
por cardenales vestidos con oro,
que lo alicatan
en el nombre de su dios.
Soy la vereda
de los niños pescando,
y la orilla donde se prometió
el amor,
cuando aún no sabía
que aprendería a nadar,
y soy el murmullo resultante,
transparente,
de las promesas que las nubes,
le hacen un día al suelo,
cuando el mar está
más allá de donde vive ultramar.
A veces también soy
un compendio remendado
con telas de araña,
una pirueta sin red,
y casi sin aire,
o una cana a punto de pintarse
sobre la tapa de las ideas,
pero resulta que ayer
decidí ser un río de líos,
y liarme entre tus labios,
como el sorbo que das a mi sed,
tú, niña de agua,
que me guiña en cada rito de piel.


"Personalmente río"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

frecuencias

En aquella luz
que camina tras de ti,
te proclamo a menudo,
y a diario.
No sé porqué sigo
el camino éste
que no me lleva
a otro lugar,
que me deja quietos
murmullos de sombras,
secándome la garganta
del presente con la severidad
de mil desiertos, y que me ahoga
donde comienza la respiración.
Podría contarte que dejé
de coleccionar los olvidos
que los demás abandonaron,
que dejé de frecuentar
los lugares en los que todo
era de segunda mano,
o que ya no escucho viejos discos
con el vinilo hacia el cielo,
por la cara:"be".
Podría decirte que ya apenas
me interesan las noticias
del primer mundo, descarado,
innecesariamente orgulloso de ser norte,
deslumbrantemente limpio,
y peinado, pero tan predecible
como los que lo desvisten,
los que lo desmigan,
ser a ser, como pan propio.
No tengo ganas de nada
que no lleve el remolino
de instintos que predicas,
no quiero otra razón
que la de una mañana pintada
en la luz del rostro
que te dice, no necesito religión
alguna para creerte, para saberte
en cada uno de tus misterios,
y tener la certeza,
en la existencia de ser dos.


"Frecuencias"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo

dejar de pensarte

Dejar de pensarte
es tan complicado,
no sé si te das
cuenta de lo tedioso
que es no imaginarte
a lo largo del día,
durante cada hora,
a través de los minutos.
Dejar de pensarte
es como dejar de lado
a las tardes de lluvia
mezcladas con sol,
esas tardes
en las que el cielo predica
la liturgia variable, y espectral,
del dios camaleón.
Dejar de pensarte
es prescindir de la verdad
por la que sería
tan capaz de mentir,
la verdad que esconde
tu boca callada,
esa que quiero copiar
en mis labios a tiempo.
Y para qué dejar de pensarte
si siempre eres, y estás,
para qué intentarlo
cuando me quedas tan lejos
de todo lo que olvidaré,
de todo lo invisible, y con tacto,
en este universo polifónico
de recuerdos con sabor a ti.


"Dejar de pensarte"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo

jornada

I
Deletreo el silencio desordenado
de mi boca sin la voz de tus besos,
es una multitud de ruidos planos,
una civilización callada por decreto,
una exigencia que no tiene labios
en las esferas del tiempo,
cuando la distancia suena, circular,
contra una pared sin cuadros, y sin reloj.
No es abril, tampoco podría serlo,
no es una fecha, tampoco es un lugar,
no es nada todo éste vacío que me llena,
que se esconde en densas esperas
tras las esquinas por las que te pienso,
por las esquinas en las que te busco,
esas esquinas por las que, a veces,
la noche vio que caminaban tus pasos.


II
A mediodía le gustaba recorrer las distancias a pie, y cuando en las campanas sonaban las dos, solía sentarse junto a las ruinas de aquel viejo edificio mojado por el tiempo de agua, y del olvido. Allí era posible encontrar una paz que se le negaba en el resto de la ciudad. Parecía imposible que aquel lugar se oscureciese tanto, que se adentrara en sus propias oscuridades urbanas, después de haber sido el principal punto de su luz. Como el faro que guía el camino del marino, así había hecho con él la ciudad que le había mostrado la ruta de una alegría, qué el creía casi perfecta, y por éste motivo, ahora, entre tantas sombras, desconocía el sentido de aquel lugar a diario.
- Déjame invitarte a una de mis mañanas - escuchó decir a una mujer que hablaba detrás de él.


III
Deletreo el silencio ordenado
sin la voz de tus besos,
y lo desordeno en mi boca,
y te desordeno en mi mente,
y sé que no tienen labios
las exigencias de la soledad.


"Jornada"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo

bar trinidad

bar trinidad

Trinidad abre cada tarde su bar cuando el sol se trasviste de blanco lunático, y las horas suenan sin campanas entre los pasos de las bocas que hablan a la soledad. Trinidad es difícil de rostro, difícil de modos, difícil de trato, pero Trinidad sabe que el mundo no es un cucurucho de garrapiñadas, ni un paseo por ciudades sin direcciones prohibidas. Baila sin moverse, tras la barra, haciendo que un rictus de amargura cante el son, ignorando a la fortuna que pasó de largo dos puertas más allá. Ella sabe de la penas que beben para vomitar la vida, las que se apoyan cada noche en la frontera de la verdad doble con hielo y madera, las que se pintan a gritos en el silencio oscuro de su bar. Trinidad huye a la ternura, la maldice con la fuerza que quema el aguardiente en su garganta, y el sabor rancio del olvido que habita en su paladar. Trinidad sabe que la solución es pegarse un tiro, pero también sabe que las armas las carga el diablo, y que éste trabaja “de paisano” para dios. Trinidad lleva toda la vida siendo atea, y se dispara cada noche en la sien con una pistola que no se deja crear. Así cree que morir es posible que sea bello, mientras Billie Holiday canta oscura en la penumbra de su bar...

"Bar Trinidad"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo

luciérnagas tocando jazz

luciérnagas tocando jazz

Salpico el principio
de todas tus noches,
con luciérnagas que tocan jazz
más allá de las doce,
en la media luna,
junto a los sueños que acunan
los niños dormidos de Katmandú.
Lo que ofrezco no es mucho,
apenas unas luces
que sobrevuelan, en silencio,
el aire de esas líneas
que se curvan con la forma
exacta de tu nombre,
y los modos de tu cuerpo.
Así reinas en la cercanía
de la república de las distancias,
agasajada por mi pensamiento
que te viste con seda de arena,
y que te desnuda como se desnuda
el agua cuando sólo quiere ser mar.
Te deletreo como a la palabra única
que quiero aprender a escribir,
te reivindico, me reivindico,
y te reclamo desde la ventanilla
cerrada de un billete de estación,
y te digo, y te cuento,
y también escucho, a veces,
con ojos de contrabando,
las historias del mundo que calla tu voz.

"Luciérnagas tocando jazz"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

papiroflexia

Un desmemoriado papel,
escrito a mano,
cuenta cómo dos figuras
asimétricas discurren las distancias
en tiempo impar, no es necesario
más equipaje que éste,
para conjugar los verbos
del camino que llevan
hasta el sur de un mes de abril.
En mis manos se tocan
los extremos suizos
de los relojes parados
a las dos, y veintidós,
dibujan su voz
a golpe de letra tintada,
para descifrar los segundos
circulares que giran en torno
a una idea preconcebida
con agua, y cristales de sal.
Retener a la imaginación
es tarea uniformada,
prefiero practicar
la desnudez del pensamiento
que retrata con certeza
un paseo por tu piel,
así dejaremos para mañana
la semántica de las palabras
que viven inmersas en el ruido.

"Papiroflexia"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

desacuerdo

El recuerdo es como el aire
que se escapa entre los dedos.
Crees que lo atrapas
porque lo piensas,
y al pensarlo,
incoherente, o razonable,
se hace cárcel con reja en ti.
El recuerdo es el antídoto
que sabe al veneno
de sus formas,
o el zapato roto por las nubes
de los días de lluvia,
que descansa
bajo una cama angosta,
sin dos cuerpos
a punto de volverse a olvidar.

"Desacuerdo"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

del país de los ojos durmientes

Se dice que cuando el día se hace calma, a la hora en la que todo se vuelve más lento, hay ojos de ruedo taurino que se cierran esperando un beso al despertar. Se duermen con el gusto del peso del aire en los párpados, se cierran, y al hacerlo abren la puerta de la imaginación que pasea a las horas de la siesta con el olor del sur. Aunque estén cerrados, los ojos duermientes ven, ellos ven lo que el sueño les cuenta en silencio. Son sueños que confunden arriba, y abajo, y mezclan el sol con la luna, porque los sueños de los ojos durmientes lo pueden hacer, tienen pedazos de la ilógica razón adulta, y de lógica exacta infantil, por eso son capaces hasta de recoger las estrellas que caen desde el cielo hasta el fondo del mar. Hay ojos que no saben que tienen un beso para despertalos, creen que no lo tienen, pero aunque no se vea a simple vista, sí hay un beso para ellos. Hay besos que se telegrafían, otros se escriben, otros se cuentan, y otros se callan por miedo a no saber si sabrán despertar, pero los mejores son los que, con la suavidad de la luz, se posan sobre los párpados dormidos, y poco a poco, y beso a beso, dicen con cuidado que es la hora de despertar. Entonces, cuando se abren, los ojos durmientes sonríen, se desperezan, miran y remiran, y sin prisa, comienzan a querer café. Los ojos duermiente saben que habrá veces que verán nublado, con lluvia de día gris, y gabardina mojada en el perchero, pero ahora también saben que tienen una sorpresa que se besa tras el sueño. Es cierto que los besos para los ojos no sirven como paraguas cuando llueve, pero se ponen de puntillas, y a poco que se acerquen a los ojos, los aupan, y los llevan hasta donde brilla un poco el sol, y hay ríos naranjas en los que se puede beber.

"Del país de los ojos duermientes"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo

niño sin ciudad

El niño le mira creyendo que él no se da cuenta. Él hace como que no se ha dado cuenta, sigue de espaldas al niño, mete una mano en el bolsillo, saca una cajetilla de tabaco, y enciende un cigarrillo... El niño se acerca sin hacer ruido, poco a poco, con un cuidado exquisito en no mover una piedra que le pueda delatar. El hombre sigue dándole la espalda, y fuma, el hombre sigue fumando sin dejar de prestar atención a lo que sucede a sus espaldas. El niño ya se encuentra cerca, muy cerca, a menos de un par de metros de él. El hombre vuelve a meter una de sus manos en uno de los muchos bolsillo de su chaleco, de él saca una cocholatina, junto a una lagartija de goma, y deja ambas cosas en el suelo, junto a donde él está sentado. Nota un leve ruido, el niño se ha movido más rápido al ver lo que hay junto a aquel hombre al que no ve el rostro. El hombre acerca la lagartija, y la chocolatina, hacia el niño. El niño observa, no sabe si dejarse llevar por lo que le dicen las ganas, o seguir las órdenes que envía su cabeza. Pasan unos segundos, el niño sigue sin actuar. El hombre gira su rostro hacia el niño, y le descubre una nariz de payaso, una nariz roja que resalta en el centro de su cara. El niño entorna sus ojos, desconfía de aquel que vino con el fuego, pero es un niño, y pronto asoma una sonrisa que pregunta sin hablar. El hombre sonríe, respondiendo a esa pregunta no hecha de viva voz. El niño toma la lagartija, y la chocolatina, vuelve a mirar a los ojos a ese hombre, y vuelve a sonreírle. El hombre le devuelve la sonrisa, mientras el niño sale corriendo en dirección hacia ningún lugar en una ciudad que ahora se llama: guerra.

"Niño sin ciudad"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

el paseante

el paseante

El paseante se sienta sobre un prohibido el paso. Antes, por supuesto, le devuelve cortesmente la sonrisa a la señal restrictiva, no si pensar en que es una prohibición muy risueña para decir "no", y observa desde allí los dos carriles del tiempo, uno es de ida, y el otro de: "se fue". El paseante comprende el sentido de los mil trescientos dieciocho anuncios de neón que hay en la calle, se deleita con su semántica cuántica, y en su libreta de escribir anota una nota que dice: "noto". Por las aceras de la ciudad, el paseante evita los pedazos de vida que se caen de los bolsillos de los edificios marrones, al paseante no le gusta quedarse con trozos de vidas ajenas, por eso los esquiva con el chasquidos de sus dos dedos azules. Por el contrario, el paseante siente pasión por los edificios color teja con tejados descapotables. Son edificios con ventanas de cerco añil, y cristales ámbar. Se dice que al otro lado de esos vidrios hay historias que vinieron a nado desde ultramar, y capirotes de fieltro rojo para los pensamientos en punta. En la plaza de los días a medias, el paseante invita a una taza de café a una disidencia, ya sin pelo, que medita sobre la posibilidad de hacerse ortodoxa. Cinco cucharadas de azúcar para él, una de sal, y otra de azúcar, para ella. Ya en la calle, el paseante pinta en una esquina un delirio de septiembre junto a dos poemas incompletos, y en el suelo, una flecha señala hacia donde van a parar todas las huellas que tienen la intención de no dejar de caminar. El paseante descansa, observa, saca de uno de sus bolsillos malabares submarinos con caballitos de mar, y con una caracola de rizos hace olas de sal. El paseante vuelve al camino, se frota las punteras de sus viejas botas, y deja que el aire le vuelva a hacer invisible unos pasos después de volver a caminar.


"El Paseante"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo
Fotografía:"Pa-s.o.s." © chadt/wazup 2006

el pulga y sus ojeras

el pulga y sus ojeras

Lo que tenía que pasar pasó, y El Pulga anda mustio y ojeroso. Mira que se lo dije: "Pulga, no te juntes con las niñas del colegio de monjas, que son un poco caprichosas". Él no me hizo caso, decía que la niña de los calcetines con rayas de colores no lo era, y me decía que lo sabía porque la niña le había dicho que tenía un agujero en el dedo gordo del calcetín izquierdo. Ahora la niña se ha ido con un niño que lleva zapatillas nike limpias, camisetas adidas planchadas, pantalones "levisestrausrenuevosquinientosuno", y se peina con gomina para atrás el tupé, porque seguro que tiene tupé aunque no lo enseñe. El Pulga había construído un jardín del futuro en miniatura, dentro de una lata pintada de maceta, y también había robado un libro con dibujos de gatos, y machacaba la hierba del campo con un poco de agua para hacer una colonia que fuese original. Ahora dice que lleva barba de "desenamorao", y yo no me atrevo a quitarle la ilusión, pero El Pulga no tiene barba porque es muy pequeño para tenerla. Pasa los días sentado, cruzado de brazos, moviendo la cabeza en gesto de: "no no no, no puede ser". Susurra nombre extraños, dice: Nietzsche, o Platón, y a veces Erich Fromm. Cuando dice Erich Fromm, pone cara de "puaaaaaaaaaag", y vuelve a su cabeza con el: "no no no... Yo le pongo vasos de agua con sal, y le digo que es vodka, y que beba para olvidar. El Pulga toma los tragos de un tirón, funce el ceño, saca la lengua hasta que se le ve la campanilla, y dice: "aaagg". La sal se la pongo porque él me lo pidió, me dijo que con el agua sola no parecía que sufriese lo que sufre, sino que más bien parecía que andaba muerto de sed, sentado como un bobo alegre de ser bobo, que descansa en un día de calor. Yo, cuando El Pulga se pone así de metódico, me callo, y sus deseos son órdenes, porque si no lo hago me dice que siempre me pongo de parte del enemigo. Ahora le doy la razón en todo, y como me ve tan a su favor, me mira con agradecimiento, y me dice que espera no verme sufrir nunca como sufre él. Me pone un poco nervioso que, cuando me lo dice, me pone una mano sobre el hombro, y me dice: "Pokito, mi querido Pokito, yo te cuidaré cuando el amor te dé la espalda". Se me ponen los pelos de punta cuando me dice eso, el último ser vivo que tuvo El Pulga a su cuidado fue a la rata Juliana, y la apuntó a una excursión de Air Madrizz, a Ganímedes, que organizaba una gente raheliana que se vestía toda igual, con túnicas fucsias, y que decían algo sobre el final de la humanidad. De la rata Juliana nunca más se supo... Hoy voy a intentar que se levante de la mesa, quiero que salga a la calle, y que le dé el sol, porque ayer me dijo que a lo mejor se hacía albino doméstico, y aunque yo le quiero un montón, un Pulga albino, siempre en casa, no entra en mis planes de lo que es la infancia que debo llevar de camino a la pubertad. Si consigo convencerle para que salga, me lo llevo al Corte Inglés,. y le tengo toda la tarde rayando discos de Eros Ramazzotti, de Andy y Lucas, y de Ella Baila Sola. Así salió de la depresión cuando descubrió que Churretes le había dejado su chupete a Borja, un niño rubio que baja al parque con la ropa limpia Y lo que yo le digo: "Pulga, que eres hijo de una madre muerta, y sobrino de una tía puta que trabaja de virgen en una procesión de semana santa..." Cuando se lo digo me mira, abre sus ojos aún más, y sonríe, y luego ríe, y me pasa el brazo por los hombros, y me dice: "Pokito, menos mal que no te tienes que ganar la vida como animador social". Y así hora tras hora, día tras día, y mes tras mes, durante todo el año, es El Pulga, pero yo le quiero porque es mi amigo..

"El Pulga y sus ojeras"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

teoría del lugar

Me propongo a escucharte
en una noche a media luz,
a saberte prendida en los azules
de la ciudad de las estrellas,
allí donde se armonizó la física
con un futuro abstracto,
allí donde toda la razón comenzó
a ser la razón de todo el ser.
En el suelo descansarán sombras
de agua escritas sobre la arena,
en el cielo, las órbitas elípticas
se entrelazarán con mis manos
si las alzo hasta la valentía de un sueño,
y en el medio, a la altura de la vida:
la vocación sincera de un nombre.
Sólo necesitaré tres luciérnagas
para que las noches sean de verano,
y el otoño se escribirá, mojado,
sobre las hojas de tierra de un árbol.
Sólo necesitaré el calor de tu piel
cuando el invierno ocupe todo mi espacio,
y la metamorfosis de las semillas
se proclamará por millones de primaveras.
Me propongo a escucharte
a la luz de la medianoche,
cansaremos cada cuerpo contra el otro,
y al final, el descanso será un acto de fe
por la teoría de algún lugar en la distancia.

"Teoría del lugar"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.