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pokit in a pocket

rock&roll del sí y el no

Tú y yo, yo y tú,
sí, o no, no sé tú,
pero yo...

No a las balas que nos matan
sin pedir permiso alguno,
si a baladas que se bailan
cuando dos son uno, y uno.

No más bombas que derriten
un mundo a cotrasentido,
sí a bombones que prediquen
las bocas de los sentidos.

No a la muerte que nos muere
un momento antes la vida,.
sí a la suerte que nos quiere
cuando empieza la partida.

Tú y yo, yo y tú,
sí, o no, no sé tú,
pero yo...

No a los tiesos de uniforme
con estrellas muertas locas,
sí a los besos sin informes
que se cuentan por las bocas.

No a la ignorante arrogancia
del que cree ser elegido,
sí a deponer la ignorancia
de los pueblos oprimidos.

No al vuelo de los faldones
de las telas vaticanas,
si a las faldas sin pudores
que se pierden cuando aman.

Tú y yo, yo y tú,
sí, o no, no sé tú,
pero yo casi que sí...


"El rock&roll del si y el no"
música: el flaco nocioni, carlos roth, chus alonso díaz-toledo
letra: chus alonso díaz-toledo
interprete: "acá llueve... ¿y allá?"
© "nocioni-roth-alonso-dieguito boca sounds

atrás

Dejó atrás el mar,
se despidió del vaivén
indeciso de sus aguas,
y en sus pies olvidó
que no era una ola,
mientras rizaba los pasos
hacía un adiós,
que jugaba a la comba
en el patio donde
juegan los "quizás".
Dejó atrás los brillos
del diamante de la duda,
abandonó la cortesía cruel
de la paciencia obligada
a golpe de tiempo,
y quiso ser el compañero del rocío
que dejan las noches
sobre las hojas del alba.
Dejó atrás el escenario incompleto
de una función borrosa,
desleyó el guión en blanco
que marcaba cada acto,
y en un acto de valentía,
se desterró en soledad
para volver a la tinta
desde la que dijo,
desde la que vino,
y escrbió un poema dedicado,
de nuevo, a su vuelta nueva,
y el sonido del silencio quedó atrás...
"...Y fue el final del calor de los dos,
a las dos de la madrugada".


"Atrás"
-Cuaderno para un poema-
GLM ediciones.
La Habana (cuaderno nº 4, octubre 2006)
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

motel el paraíso

Una copa de vino, no hay mucho más sobre la mesa centrada en una pequeña salita, sólo una copa de vino, una cajetilla de cigarrillos, un mechero, y un cenicero limpio aún. Ella sabe que en aquella copa existen historias diluídas en el líquido rojo fuerte, casi negro, que llena hasta una tercera parte el depósito de vidrio curvado. Tras la puerta ha dejado las huellas de su persona repartidas por la ciudad. Son huellas imperceptibles para la gran mayoría, pero a ella eso no le importa, pues sabe que deja muescas en el espacio de tiempo de los sitios por los que pasa, y con eso le basta. Cierra los ojos, sus párpados se arrugan porque cierra los ojos fuerte, los labios imitan más abajo a los párpados, y se aprietan arrugados como si con su esfuerzo ayudasen en la tarea cegadora ocular. Al cerrar los ojos ignora a las formas que la rodean, lo primero que ve al mirar en la oscuridad es un cartel de una película con Bogart, y Bacall, fumando junto al mar. Abre los ojos, toma la copa con su mano izquierda, la lleva hasta su boca, y de ese beso de cristal nacen recuerdos por tierras lejanas, recuerdos que ya casi nunca suele recordar. Descubrió aquel motel hace un tiempo, fue por casualidad, no andaba buscando, simplemente pasó por delante de él un día, y entró. Desde ese día una habitación, siempre la misma, se convierte en su refugio una vez a la semana. Allí es una "belle de jour", pero a solas, sin citas, sin hombres, solamente ella, y su tiempo.
El motel se llama: "El Paraíso", y ella, ella se llama igual que siempre, y nunca sale después de que se vaya el sol.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Motel El Paraíso"

tinta y cosas d´amour

Desde este lado silencioso de la tinta,
es desde donde compongo las palabras
que veneran cada día tu nombre.

Son palabras que se descosen del pudor
de los labios tempranos de las ganas,
y que vuelan sin la necesidad del viento,
bordándose en el aire cuando vistes,
con tu desnudez sencilla, el tiempo
transparente de las fechas de cada hoy.

En este lado silencioso de la tinta
es en el que te pienso concreta,
aquí callo, y tu acento del sur dice sur,
y el sur acentúa su sabor en mi boca,
y en mi boca las añoranzas de la tuya
no dejan de hablarme de ti.

En este lado silencioso de la tinta
se agita mi mirada inquieta de caminante,
desde aquí veo que la orfebrería
que te bordea los ojos con mar, es un cuento,
y te cuento las historias con tu cuento
de tierras lunares, al oeste del sol,
mientras el Sol se hace de nuevo Luna
para poder volver a ser mañana el Sol.

A este lado silencioso de la tinta
es donde las gotas de lluvia suenan
a principio de agua que habla en inglés,
aquí son posibles los gatos
que nunca quisieron tener bandera,
y también cabe un abrazo, más o menos,
a la hora de los abrazos con brazos de té.

Desde este lado silencioso de la tinta
te escribo con sombras chinas en el techo,
y en mi pecho quiero la canción de tus pechos,
desde enero hasta diciembre,
desde el suelo, hasta el final del cielo,
y desde mí, hasta el comienzo de las cosas de ti.


"Tinta y cosas d´amour"
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

a compás

Me convertiré en el habitante
del domicilio de tus caderas.

Te circularé, junto con cada latido,
por la verdad sincera del cuerpo
como lo haría la sangre,
sin dejar un poro en el olvido de llegar,
sin dejar de provocar que tu boca
muerda el oxígeno, que se exige de cerca,
cuando se siente multiplicado por dos,
y te practicaré una vez más
en la religión de mi fe por tus formas,
poco a poco, y todo a todo.

Seré la fecha en el calendario
de tus fases lunares,
o la dirección que escribió
una carta desde el horizonte,
cuando el horizontes estaba
unos metros más cerca del mar,
porque seré el beso, impar,
de un par que se abraza
en aquel mismo lugar de piedra y agua.

Y vaciaré en la caja de las excusas
todo este miedo de soles azules,
para que nuestras pieles
sean una reivindicación contra guerra,
y tras la guerra, en las sábanas,
dos tatuajes de calma callan al compás.

"A compás"
© pokit in a pocket. Chus Alonso Díaz-Toledo.

el pulga por la tarde

el pulga por la tarde

Está mirando una puesta de sol, el Pulga dice que intenta abstraerse del hecho en sí, para desgranarlo, y descubrir en ese mismo momento otra manera de verlo, haciendo filosofía con la compañía del atardecer. El Pulga vuelve a estar raro, ahora dice que la filosofía es el principio de todo, que es la musa de la ciencia, pero también dice que es el refugio de la desidia con discursos rebuscados. La filosofía le plantea, mediante la duda que busca en el todo, escapar de la nada tan funcional, esa que ocurre sin preguntas posteriores al suceso. Y lo dice con los brazos cruzados, como si nada. También dice que filosofar al atardecer es relajante, pensar en teorías narcóticas que regatean a un Rubén Darío embadurnado de atardeceres melosos, con texturas de mermeladas, y olor a rosas, dice que es relajante. El Pulga cree que Rubén Darío habita en todos los sitios que pueden salir en una postal de amor, a contraluz, y con una frase tipo: "cari, somos gaviotas que volamos sobre un mismo mar...". Es así de triste, dice que el amor está devaluado, que está "rubendarioidiotizado", que está lleno de puntillas, de rosas, de canciones de La Oreja de Van Gogh, y de Amaral. -¡No por dios, no, el amor es mucho más que todo eso, mi dilecto contertulio, pokito!- Me ha llamado dilecto, y contertulio, el Pulga me llama dilecto, y contertulio, y algo me dice que mejor no le pregunte por el significado de dilecto, o de contertulio, porque tal y como anda, mejor me callo.
Filosofar es liviano, pero a veces no lo es, aunque cuando lo es, realmente es liviano, pero lejos del Pulga es más llevadero, aunque también es verdad que es muchísimo más aburrido.
-"El amor también es liviano cuando se tiene, y pesa toneladas cuando se te pierde sin querer"- Otra sentencia del Pulga, y sin levantarse de la mesa.
Sigue mirando la puesta de sol, y sigue en la abstracción del hecho en sí, y lo desgrana, o eso cree, y descubre a Rubén Darío escribiendo poemas para mandar como si fuesen "politonos" en los teléfonos móviles. Desgranar a Rubén Darío, abstraerse de él en sí, y observarlo desde otra perspectiva, según el Pulga, se hace difícil, sobre todo si intentas personificarlo en un cantante de una banda de "hip hop" del suroeste de Nueva York.
El Pulga, el atardecer atardeciéndose, y Rubén Darío, siguen ahí, pero Rubén Darío un poco menos, porque anda negociando dineros con una multinacional de telefonía.
El Pulga descubre, de pronto, que en el atardecer se enfría el aire, y que el sol deja de calentar lo invisible, y se hace fresco lo tibio, y en esa tibieza se esconde una pregunta que intenta encontrar. Luz y calor van unidas, así como la oscuridad y el frío. Pero como el Pulga no puede quedarse donde toca, sigue dándole a la cabeza, y un poco más allá de la última reflexión, llega la siguiente: -¿Y si la luz fuese donde no vemos?- Ahora dice que la luz nos muestra lo que ella quiere mostrarnos, dice que no vemos más allá de lo que nos permite su cuerpo, mientras en la oscuridad podemos ver lo que nuestro pensamiento elige ver. A mí me asusta el Pulga cuando se pone así. Cierra los ojos, dice que ve un atardecer sin Rubén Darío, aunque la luz quiere convencerle de que está ahí. Un atardecer sin Rubén Darío es un sitio con olores discretos, con luces suaves que no se pegan a la piel, tiene colores sin difuminar, y sobre todo, nadie se muere de amor antes de que anochezca, y mucho menos a contraluz.
"Me gusta filosofar lejos de Rubén Darío, y cerca de un atardecer con sabores de aquí, y de allá" El Pulga me ha dicho esto, y se ha ido al barrio de los rubios a quitarle un balón a un niño rubio, para un partido de fútbol que tiene mañana en la calle. Cuando vuelve a su ser, de su ser en sí mismo de a diario, el Pulga me deja más tranquilo, aunque a veces no mucho más...


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "El Pulga por la tarde"

viaje

En este viaje que me trae
desde los desiertos de la sed seca,
quiero beber en las palabras
que reconozco por tu boca,
y una por una, llevarlas a la mía
con el sabor del idioma rojo
que me habla, en silencio,
la lengua que me suele hablar de ti.
Busquémonos en los bolsillos del mar
que nos dejó un día a deber
dos pedazos de tiempo,
escucharemos en él a las olas
reivindicándose en un planeta de agua,
y arena lavada redonda,
y podremos tatuarnos en una tarde
escrita desde la orilla de las letras de sal.
Contémonos en las caricias que deambulan
por las horas de la siesta,
esas que rozan la vida con cinco razones
pensadas por la filosofía de la piel,
y dormiremos despiertos entre las travesuras
de unas sábanas revueltas a medias,
para despertar con el día dormido en el sol.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Viaje"

café dureaux

Él esperaba sentado en el viejo café Dureaux. Había escogido una mesa junto a la ventana, le gustaba mirar a la plaza que acogía a aquel entrañable café que, muchos años atrás, durante la segunda guerra mundial, había servido como centro de reunión de la resistencia parisina. En una de sus paredes se encontraba una placa en la que se mencionaba esta circunstancia. El mismísmo general De Gaulle fue el encargado de descubrirla cuando ocupó la presidencia de la República.
Encendió un cigarrillo, era el último de la cajetilla, y bebió el último sorbo de la taza de café. Llevaba casi media hora esperando, y aunque no creía que esa espera se alargara mucho más, decidió llamar a un camarero para pedirle otro café, y un nuevo paquete de tabaco. En la espera, dentro de aquella espera, sus ojos se volvieron hacia la ventana, y desde ella, a la plaza, en la que ahora un malabarista desafiaba con cinco pelotas de colores a la gravedad. Mientas miraba a través del cristal, su memoria le remontó al momento en el que hablaron por primera vez, cuando aún no sabían que el tiempo era su mayor enemigo, un enemigo en la distancia, implacablemente en la distancia. Por París transitaba el invierno, era un invierno severo, y parco en luz.
El camarero depositó la taza de café sobre la mesa de mármol, junto a los nuevos cigarros, y un plato, en el que un alargado papel escrito a mano contaba el precio del negro líquido, y del humo blanco. Vació el sobre de azúcar dentro de la taza, con la ayuda de una cucharilla removió los granos de dulzura, y la dulzura se diluyó en espiral. Estrenó aquel café con la prudencia necesaria para no abrasar su lengua, utilizó los labios, los acercó con cuidado hasta tocar el borde de loza, y se quemó. Llevaba casi una hora esperando, cuando sonó el enorme teléfono negro que había en la esquina de la barra junto a la caja registradora. La cajera descolgó el aparato, y contestó con un escueto: café Dureaux. La persona que estaba al otro lado del cable preguntó por alguien, ya que la chica cajera-telefonista levantó la vista, y recorrió con su mirada el local con un gesto evidente de búsqueda. Unos segundos más tarde, en voz alta, pronunció el nombre de él. Él levantó la mano en señal de ser la persona que buscaba, y la empleada le invitó a acercarse hasta el mostrador con una sonrisa, mientras con uno de los dedos de su mano señalaba el auricular que sujetaba en la otra. Él se aproximó, recogió aquel objeto de plástico negro, y comenzó a hablar con quien le había llamado. Era ella, era la persona a la que llevaba una hora esperando, y por lo que debió de decir en aquel momento, también era la persona a la que tendría que esperar durante algún tiempo más.
Retornó a su sitio, bebió el último sorbo del café, y encendió un cigarrillo. Uno de los camareros se acercó, vació el cenicero de la mesa de al lado, y recogió la propia que los últimos habitantes de ese espacio cuadrado habían dejado en señal de grartitud.
París era del cielo gris, Maurice Chevalier resucitaba desde unos viejos altavoces, en la calle comenzaba a llover. Pidió otro café, y una copa de Ricard con hielo y agua...


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Café Dureaux"

para los reyes

No nos volvemos a pedir:
Viejos fascistas que mueran, de ancianos, en la cama de la impunidad.
Asesinos asesinados con el visto bueno de la ley del "cowboy".
Mafiosos paletos, con txapela, que ignoran el sentido de la independencia.
Tierras violadas por la locura del hormigón a comisión.
La derecha de shiempre, y shiempre en posheshión de la verdad absholuta.
El termostato roto de un planeta que desafía a la severidad cósmica.
Religiones que se niegan entre ellas por miedo a desaparecer.
Hambre que se exilia para pasar más hambre en otro idioma.

Este año nos pedimos:
Un sitio a su lado.
Una gata que usa rasta.
Un acantilado con teteras que ven el mar.
La revolución de los sentidos, y en ella, el sentido de una revolución.
Paz, paz, y también un poco más de paz.

Fdo:
El Pulga y pokito.


Pokit in a pocket desea lo mejor a todos... bueno, si somos sinceros, a todos, lo que se dice a todos, no, pero a casi todos sí.
A los que se pidan cosas de la primera lista que les den, con todo el respeto... bueno, no, sin respeto:
¡¡ Q U E L E S D É N !!

sobremesa

Tengo una mesa de cristal con una colección de remolinos de viento azul, son remolinos que se recitan, inexplicables, sobre la azotea de un mueble sin inmueble. Se mueven de un lado para otro; giran desde el centro de ésta, y sobre su propio centro, hacia los cuatro abismos domésticos en los que viven las sobremesas, para decorar con los rizos del anticiclón exacto la existencia plana de este mueble singular. Es una mesa con la superficie del cielo escrita en el papel transparente de un puñado de arena, ambos enmarcados dentro de un rectángulo de madera reseca a base de tiempo, como las cuatro patas que la unen al mundo que se usa en veinticuatro husos horarios, día tras día.
Ayer una taza, sin fondo concreto, quiso tomar el café de la soledad, la que acompaña a los que tuvieron algo que decir, y lo dijeron sin pensar que no se podía pensar en voz alta. Mañana también puede que sea el punto de reunión para alguna de las tertulias que evocan a las lunas de agosto, o para las dos nubes de abril que estuvieron a punto de conjugar el verbo de la lluvia, el mismo que guarda los sabores ocultos que transitan por las tazas de té.
Mi mesa no es mía, pero ella no lo sabe. No conoce la propiedad que otorga, y quita, la misma palabra que dice propiedad, y mientras no lo sepa, seguiré observando en el alma de su transparencia el firmamento reflejado de las noches. En esas noches el cristal de mi mesa se llena con las luces lejanas que velan a una calle con nombres de sur, mientras por los límites de su madera caminan los irresponsables que hicieron malabares con las ilusiones propias, y que ahora flotan, por las filosofías externas que pintó el universo interno que habitaba una cabeza de Magritte. Pero en la mesa también cabe la nada, cuando es nada lo que quiero tomar. No intenta convencer desde las reflexiones totalitarias del todo, sólo se queda frente a mí, callada, aunque siga contándome historias de miles de años luz.
Mi mesa no es mía, pero ella no lo sabe, y yo no se lo quiero decir aún.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Sobremesa"

en la piedra

Me siento sobre unas piedras cuadradas que hay junto a la puerta de una mezquita. La memoria de las piedras suele ser la más fiable, ellas ven ir, y venir, corrientes de pensamiento, y religiones, que se creen las elegidas, y también a salvadores de patrias, porque por alguna razón siempre hay alguno cerca del desastre. Los salvadores de patrias me dan miedo, además me lo dan bastante, porque me asusta la desproporción que encierra la idea de que alguien se crea con el poder para salvar a toda una patria. Él solo, o con sus atributos masculinos, generalisimamente. Con eso suelen pensar que pueden salvar una patria. De hecho, también me asustan las patrias que se llenan de patriotas, y de telas que hacen de sus colores una razón para la vida, y para la muerte. Las patrias deberían estar exiliadas de las personas, así las personas no tendrían que exiliarse de su tierra, ni de la tierra de al lado.
Mientras descanso, toco con las manos la piedra que me regala el aposento. Y mientras toco la piedra, veo discurrir las vidas de los que ya están sentenciados, tanto por unos, como por los otros. Buscan la protección de un dios contaminado por los hombres. No sé si existe un dios, o no, y el politeísmo no entra en mis planes: La Egolatría Divina, multiplicada por dios, y por dos, no puede convivir en un mismo espacio con Otra, por grande que sea éste. Estas personas entran a rezar, a pedir que el falso dios de occidente deje de intentar rizar el rizo, aún más, en su intento de orientar al mismísimo oriente. Y mientras tanto yo sigo acariciando la piedra, es como si quisiera que le contase a mis manos su memoria, como si fuese posible que la historia brotase por la dureza amable de sus poros. La piedra es como el cielo, y olvida hablar, prefiere esperar a la noche para que las estrellas llenen de calma la agitación del día. El cielo imperturbable, sin gesto, ayuda a pensar por las noches que nada de lo que ocurre, ocurrió.
Hoy quisiera que el tiempo me arrastrase hasta el refugio de una piel lejana, y que mañana fuese más mañana, tanto como para que la locura que me rodea ya se hubiese olvidado, sin olvidarla del todo, para que no haya más locos que renieguen de su demencia, y la intenten hacer cordura absoluta. No sé si te he contado que hago malabares en mitad de la nada, y de la nada, me nace la magia en un naipe que tiende a desaparecer, y que luego aparece siempre lejos de los "ases". También colecciono las sonrisas de los niños, sonrisas que no tienen precio, pero que desaparecen bajo el peso de los dólares millonarios que hacen misiles, y bombas, y doctrinas, y que vuelan con su estupidez esas sonrisas sin precio.
Invítame a un té con olas, y tejados por donde pasear.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "En la piedra"

calcetines y botas

calcetines y botas

Ando preocupado, mirad lo que le he pillado al Pulga, tenía esto escrito en un papel, y guardado debajo de la foto de Maradona. El Pulga está medio sí, y medio no, lleva un tiempo que se preocupa por ir peinado, y se peina, y repeina, frente al espejo. El Pulga anda medio Pulga, medio algo, y me preocupa. Ayer me hizo una pregunta que me dejó seco. Me dijo: pokito, ¿me dejas tu camiseta del Che? El Pulga sabe que mi camiseta del Che es como mi piel, no voy sin ella a ninguna parte, pero el Pulga es el Pulga, así que no me pude negar. Se la puso, y salió pitando a la calle. Me tiene preocupado, el Pulga anda medio algo, y medio Pulga, y si no me cree alguien, mirad lo que escribe, y cómo lo titula...

- La levedad soportable de ser el Pulga en invierno -
"De rayas, y con colores, con muchos colores diferentes.
Así son los calcetines que sueñan los pasos bajitos,
por las noches, cuando se van de un lado para otro,
mientras en la chimenea la leña se hace fuego,
y proyecta una película en el techo, siempre de estreno..."

(y observaciones de unas botas a la salida de un colegio)
Tengo unas botas viejas, tienen los cordones de cuero, y las suelas de goma. La suelas están bastante gastadas, y creo que se alegrarán cuando escuchen la orden de estarse quietas. Son botas de partido de fútbol en la calle, de correr para que no te muerda un perro, o de trepar vallas, y también son de escondite en el que se cuenta hasta cien. Con lluvia caminan, bajo el sol caminan, cuesta arriba, y cuesta abajo, caminan, siempre que se lo pido, ellas caminan conmigo adentro. A veces se disfrazan de siete lenguas, y no van más allá de allá de la puerta para hablar. Otras veces son botas de valiente, botas que se llenan de arena en los sueños de dunas, o que se mojan con las olas de un acantilado donde las sirenas toman té mirando al mar. Y cuando deben, saben redoblar su valentía para llevarme hasta la puerta del colegio de las niñas con calcetines. A mis botas casi nada les da miedo, pero cuando van a la puerta del colegio de las niñas con calcetines, no sé porqué, se ponen a caminar más lentas. En las puntas descoloridas por los partidos de fútbol, de repente, aparece el brillo que tenían con el color de antes, y casi parece que tienen ese color de nuevo. Mis botas se lavan la cara para ir a la puerta de ese colegio, y se hacen en los cordones el lazo de pajarita. Cuando llegamos a la puerta del colegio, se ponen chulitas, y pegan patadas a una lata, o a una piedra, o a lo primero que se pueda pegar patadas, y esté cerca. Pero cuando salen las niñas con calcetines, dejan las patadas, y se mueven, y se ponen de puntillas, y se pisan entre ellas. Mis botas hacen cosas extrañas, sobre todo cuando ven a la niña que usa calcetines con rayas de colores. Sólo hay una niña en ese colegio que usa calcetines con rayas de colores, y cuando sale por la puerta, mis botas quieren ser las que más corren, las que más saltan, y las que más todo. La niña de los calcetines con rayas de colores mira a mis botas, y se ríe, mientras las señala con un dedo en el que tiene un anillo grande de latón. Entonces mis botas se van a un lago, y le cuentan a la niña, paso a paso, cómo es el lago, y otras veces le cuentan bailes al ritmo de unas manos tocando un tambor.
Mis botas están viejas, y la niña de calcetines con rayas de colores me pisa para decírmelo. Yo le digo que no quiero tirar mis botas, porque mis botas saben la historia del kilómetro doscientos veintidós...

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Calcetines y botas"

asesino

asesino

San pokito Ñiño dixit:
puaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaggggggg...

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Yo vendré del desierto calcinante
y saldré de los bosques y los lagos,
y evocaré en un cerro de Santiago
a mis hermanos que murieron antes.

Yo unido al que hizo mucho y poco
al que quiere la patria liberada
dispararé las primeras balas
más temprano que tarde, sin reposo.

Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas.
Renacerá mi pueblo de su ruina
y pagarán su culpa los traidores.

Un niño jugará en una alameda
y cantará con sus amigos nuevos,
y ese canto será el canto del suelo
a una vida segada en La Moneda.

Yo pisaré las calles nuevamente
de lo que fue Santiago ensangrentada,
y en una hermosa plaza liberada
me detendré a llorar por los ausentes.

Pablo Milanés

ingravidez

Viajo con la ingravidez
del sueño en mis venas,
con el descanso del corazón
que palpita en ese sueño,
sin dejar de dar vida a la muerte.
Paseo a lomos de la calma,
en la ausencia de la prisa,
y del tiempo, mientras me recreo
en la suerte del Tancredo,
y en su paso quedo,
sin moverme en la inquietud
de un camino que llegó
alguna vez a ninguna parte.
Duermo bajo cielos de estrellas,
que se hacen negras en su brillo,
tatuándose en los brazos del olvido,
para olvidar a la derrota cotidiana
que refleja la imagen en el espejo.
Y navego por mares oscuros
con fondos de plata,
agitada por fuego, y a fuego
bordo un cuerpo cada vez más breve,
sin la necesidad de que un hilo
se enhebre en la aguja de la mano.
A mano hay unos cigarros,
un dulce, y ese mismo momento.
Por el momento poco más tengo,
puede que un par de días por delante,
mejor no mirar mucho más lejos,
hay algún cuento por vender a plazos,
y mil maneras de amar, sin enamorarse.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Ingravidez"

píkara

Aunque ella no lo sabe, también es posible que quiera desconocerlo, pero posee un tesoro en su sonrisa. Se llama Píkara, vive en un universo en el que todo es inmediato, lleno de exigencias rutinarias, y muchas veces, también, dulcemente cruel. Ella calza los zapatos de una libertad que muchos desconocen, sus exigencias no existen, pero el miedo a ser rechazado fabrica autoimposiciones en los que la pensamos, pues ella deja hacer a la imaginación su trabajo, exiliando fuera de los límites cuadrados a la prudencia de la estupidez, devota del temor. Su silencio se impone sobre los gritos, gritos que parecen maullidos de gatos en celo, y sus ojos sobre la oscuridad ríen insobornables, pero no me cree cuando se lo digo, y su belleza es más hermosa en el país de los que no creen.
Píkara, y yo, nos encontramos una noche sin luna, plagada de estrellas, eramos dos locos a punto de diagnosticar, que caminaban por las calles de una ciudad inexistente, y con sueños imposibles de dormir. La vigilia de una ventana encendida fue el refugio de ambos, y el claro oscuro de los secretos nocturnos, nuestro desconocido cómplice. Mis palabras intentaron quedar escritas en sus manos, mis recuerdos se vieron reflejados en sus ojos, y mis caminos quisieron seguir el destino que marcaban sus piernas, mientras la vida se coronaba en la suavidad de sus dos pechos.
Píkara es una razón, una pregunta, una respuesta, y sobre todo, Píkara es fielmente fiel a ella.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Píkara"
(Para Almudena, con mi gratitud, y cariño, por ayudarme a encontrar a Píkara)

canción de cuna que no fue

Un ejército formado
por los cadáveres de los minutos
desfila ante una sonrisa
rasgada por la perfección.
Es posible que hayan conspirado
la guerra contra mí,
es posible que se crean
la muerte del tiempo absoluto,
es posible que no sean
nada más que los cádaveres,
esos cadáveres que encarcelan
el horizonte con huesos.
Me preguntan acerca de la razón
y de mis respuestas,
y mi única respuesta se hace
un interrogante de agua volátil,
evaporándose en las teorías lejanas
de los colores de Orión.
Mientras tanto mis dedos
buscan ponerle letras al miedo,
y el miedo las ignora,
y se cuenta dibujándose en la piel.
Más allá del cristal de la ventana
sé que habrá alguna luz, y minutos,
pero no son más que el pasado
de mis ejércitos presentes,
y los deduzco antes de quererlos,
para ser de nuevo muerte.
No me interesa el cristal,
ni el más allá del maldito cristal.
Vuelvo al universo de las cuatro paredes
con suelo, y techo,
y por un momento vuelvo
a la saliva de una boca en celo,
y me pierdo paseando por los senderos
que propone tu falda,
pero no puedo ignorar la marcialidad
de la Parca, que me mira.
¿Cómo serán las ventanas
de los edificios de las otras vidas?
Recuerdo la arrogancia que se cita
en los vidrios ahumados
de la Quinta Avenida, esquina con la Sexta,
y su cercanía ahora me parece
el reflejo de una eternidad, o más.
Busco ese pellizco justo
que me lleve rápido, y me sueñe,
hasta donde viven las ganas
que no quisieron volver a regresar.


"Canción de cuna que no fue"
(fragmento extraído de: "Más allá de Nueva York")
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

calla otoño

¿Has escuchado alguna vez callar al otoño?
Lo hace en el silencio consentido del viento, con colores pardos que nos recuerdan, o que nos llevan al olvido sin razón, y que se vuelan tras un suspiro de ron con miel.
Yo no sé contarlo como lo cuenta el poeta, ni sé si hay motivo para contarlo de otro modo, pero el otoño, si se calla, me provoca palabras
En el cristal de la ventana se me reunen las gotas que antes desgranaron el cielo en millones de brillos, gotas con rostros abombados, ahora planos, pegados al vidrio, que no dejan de mirarme, y algunas resbalan, acercándose para que les diga al oído mi nombre secreto. Tras esas gotas andan los pasos del humo azul que se enredan en las vetas grises nubosas, y blancas de aire, y que bailan las danzas del ozono con el olor a tierra mojada, y que también se disculpan cuando te pisan un recuerdo casi olvidado.
Sé que el otoño cabe bajo una manta de cuadros a medias, o en una tarde, descifrando las historias que el fuego cuenta desde una chimenea con vocación de teatro, y entre las hojas de un libro dormido, que quedó escrito entero para vivir a medio leer. El otoño cabe donde estará la severidad del invierno, justo en el mismo sitio que ocupó el verano, o la primavera, hasta hace un rato, más o menos, y exactamente:
desde antes de ayer.
¿Has escuchado alguna vez callar al otoño?

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Otoño calla"

requiem para después de un rock&roll en la medina

-He abandonado la afición por lo de siempre...-
Y con estas palabras se dejó morir, con la misma parsimonia con la que los sentidos le iban ignorando. Ahora era una metáfora más sobre el devenir de la existencia, el recuerdo de unos pocos, y la apatía lógica del resto de la humanidad. Su herencia apenas pesaba unos gramos de tinta aguada, y alguna que otra imagen robada a la locura colectiva que conjugó mal el verbo que okupa el piso del porvenir. Eso, y poco más, era su aportación a la enciclopedia de los anónimos con pretensiones. También bebió de la realidad que no se encontraba, por mucho que pareciese lo contrario, dentro de las coordenadas que qusieron hacerle creer. Casi siempre pensó que la realidad era una soberana tontería, igual que aquella estúpida manía de nominar categoricamente a las alturas, y a las profundidades, en un universo sin arribas, y sin abajos. Para él la realidad era una disidencia, contada a medias, en un mundo absorto en su propio ombligo, o también el cuento del mar, junto al de la lluvia temprana sobre el suelo que toca la piel de los pies. La realidad podía ser tantas cosas. Podía ser una calle con portal en un cuerpo, o un papel escrito al remitente, por miedo al destino. Podía, y quería, pero la realidad era otra, y esa, al mismo tiempo, era otra de nuevo a la vez.
Vio que, aunque nunca la había ganado, ahora sentía la derrota por haber perdido el refugio de una sola de sus mañanas, y reconoció el sabor del adiós en los labios.
- He abandonado para siempre la afición...-
Y con esas palabras se dejó vivir, con la misma parsimonia con la que los sentidos le iban ignorando a golpe de educación. Ahora era una sentencia más sobre el devenir de la existencia, y quiso volver a dejar de creer.


"Requiem para después de un rock&roll en la Medina"


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

quincho

quincho

Quincho abre los ojos como todos los niños que ven algo nuevo. Parece que, tras la primera gran apertura a la sorpresa, quisiera fijar esa novedad para siempre en su memoria, y pasea su vista, una y otra vez, por toda la anatomía de lo que ve. Da igual si es una persona, o un objeto, un paisaje, o una canica de cristal, el caso es que se fascina ante esa primera visión, y lo dice con sus ojos negros de brillo. Quincho tiene seis años, su rostro está firmado por el sol, y el viento, de la inmensa altiplanicie. Sus manos son las manos de un niño, pero entre sus dedos ya se previene la madurez a cara de perro, que como todo en aquel lugar: está firmada por el sol, y el viento, unos miles de metros más cerca de las nubes. Alguien, o algo, quiso fabricar la paradoja de las paradojas poniendo aquel infierno los más cerca posible del cielo. Quincho es un ángel exiliado, desterrado a causa de la dureza de la tierra que le vio llegar, y que no le dejará escapar jamás. Sus mañanas son de alpaca, y se explican con los colores fuertes de la lana andina. El azul y el rosa chillan su verdad, mientras convencen a los hilos de fibra para que absorvan su filosofía, y la prediquen más allá del desconocido mar del que oyeron alguna vez hablar. Quincho ayuda a teñir, a ordeñar, y a sembrar lo poco que admite aquel páramo inadmisiblemente bello. Él es un niño, pero es mayor, y sin dejar de mirar como un niño, intuye la vejez urgente que le espera siempre con diez minutos de antelación, porque la reconoce en sus mayores, que también fueron "Quinchos". Pero no pierde la sonrisa cuando ésta le requiere, y aparece el niño, que es niño, ese que nunca debió de ser hombre con antelación. Su voz es alegre cuando habla alegrías. Seria, cuando recorre la brevedad de su vida seria. Su voz sabe, aunque sea pronto, y no calla, aunque posiblemente ya sea tarde para que pueda ser otro...


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Quincho"

en ayer

Ayer vi cómo se escapaba
un lucero del cielo,
cuando en la profundidad del cosmos
no quedaban ya estrellas de mar.
Ayer deduje millones de años luz,
y tres chimeneas,
esperando a la llegada del invierno,
escribían árboles de humo
en ascensión perfecta de raíz.
Ayer también descosí la etiqueta
de mis barrotes a rayas,
pinté de rojo, más fuerte,
todas mis intenciones,
y quise saberte dentro
de la breve locura
que habita siempre
en la boca de un beso,
cuando éste desemboca
en la misma esquina de tu piel.
Ayer me dijeron que mañana
sería sólo cuestión de días,
y hoy sigo desmontando
historias teñidas con el viento
que se adelantaba a diciembre,
con enero aún sin desenvolver.
Ayer me llamaron los recuerdos
desde una montaña sin nieve,
pero no supe contestar,
y dejé que el día fuese calmado
entre silencios, y germinó un sol.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "En ayer"