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pokit in a pocket

desde brooklyn con basquiat

desde brooklyn con basquiat

"I want to be a star, not a gallery mascot..."
-Jean Michel Basquiat-

Te gusta la heroína. No es correcto decirlo, pero te gusta. Ella sabe lo que quieres, dónde, y cuándo. Sabe callar el ruido, y hablar el silencio. Conoce a cada una de tus entrañas, y las circula recorriendo su cuerpo en tu cuerpo, deleitando el cerebro que duerme a la tiranía del dolor. Estas calles interminables no serían admisibles sin su ayuda. Creo que por eso pintaste sus paredes, dejaste en los muros recuerdos que hablarían el idioma de la revolución a sangre perdida. Ya no quedan galeristas capaces de arriesgarse a dar con la genialidad, y visten la comodidad de su arrogancia como si fuese arte.
Ayer volví al café de Pietro Luchinello. Pietro no estaba, me dijeron que apareció muerto en el dormitorio de una rica francesa que colecciona a los impresionistas. Parece que fue un paro cardiaco, tras unos cuantos gramos de cocaína. No me extrañó, y si te soy sincero, no sé si me dolió. Aún guardo en alguna parte aquella foto que nos tiraron en tu estudio. Estábamos celebrando algo, no recuerdo el qué, pero en nuestras caras se evidenciaban más de un motivo de celebración. Estamos los dos con Andy, y con Pietro. Pietro fue una de las primeras personas que conocí aquí. Coincidimos en la exposición de un fotógrafo japonés, que inauguraba una nueva galería en el Down Town. Se acercó a pedirme un cigarrillo, y me dijo que era un descubridor de nuevos talentos. Yo desconfié. Desde ese día no dejó de fumar de mi tabaco, pero tampoco dejó de enseñarme cada día que en Nueva York también se podía vivir, y que merecía la pena morir en ese intento. También me compraba todas las fotografías imposibles de vender. Es doloroso no saber si la muerte de Pietro me dolió, como me dolió la tuya.
Ya no es lo mismo regresar caminando desde Brooklyn. Echo de menos aquellos paseos en los que solucionábamos todo lo que no tuviese solución, aunque sólo fuese durante el tiempo que duraban las calles, y el puente. Manhattan apaga sus luces, y el día enciende las suyas.
Ya no es lo mismo regresar caminando desde Brooklyn, Jean Michel, y la ciudad lo sabe.


"Desde Brooklyn con Basquiat"
(fragmento de: "Más allá de Nueva York")
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

caramelo y katmandú

Hubo una vez de caramelo,
y de sonido de lluvia, y de mañanas...
Y eran ámbar las propuestas
que la luz hizo, suavemente,
provocándose en reflejos
como la palabra de silencio
que se habla en el reino de los ojos.
La exactitud de la tierra
fallaba bajo la valentía desnuda
de los pasos que, sin miedo,
no se detienen ante las distancias
que germinan caminos de adiós,
y la gravedad fue una carta leve
escrita en el rojo, y naranja, de Katmandú.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Caramelo y Katmandú"

tertulias imposibles de contar

Es por la tarde a cualquier hora, la luz se ocupa de caer, suave, por las paredes de cristal, que la devuelven difuminada en su justa, y secreta, medida. Parece que invita a dejarse mecer en ella, como si fuese una hamaca que ató sus extremos al infinito, más allá de los rascacielos. Muchas veces he pensado en cómo sería convertirse en un fotón, sentir qué ocurre cuando pasas a formar parte de la esencia luminosa, y guerreas, sin daño, a la ausencia de color que se abandona en los brazos de su alter ego.
La luz pesa, pero su oscuridad pesa más cuando se puede ver, y no alcanzan las ganas hasta el interruptor.
Me pregunto dónde estaré cuando deje de ser real todo esto, y no sé si me puedo responder. Puede que esté en un bucle de dudas saltarinas, o bajo el puente que hay debajo del puente, o tal vez esté en ti en algún minuto, pero ya no aquí, ni más allá, y tampoco en el medio, entre aquí, y allá. Nunca pensé qué había tras las puertas, mi ignorancia me hizo saber que no necesitaría de ello. Me gustaba entrar por las ventanas hasta el dormitorio de los pensamientos, y allí los veía dormir de acuerdo con los sueños que los habitaban. Me gustaba ver dormir a los pensamientos, era cuando de verdad se despojaban de la ropa que los amordazaba, y soñaban con ser teteras con vistas al mar, o paradojas necesarias para que la ciencia fuese del todo cierta.
Me pregunto dónde estaré cuando no sepa dónde estás, y me encuentro aquí mismo, y te encuentro aquí mismo, y ya no me apetece hablarte, y preguntarte sobre dónde me llevarás cuando todo esto deje de ser real.


"Tertulias imposibles de contar"
(fragmento extraído de: Más allá de Nueva York)
© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.

criterio temporal

Fuiste del viento en la vereda,
y de una lágrima a causa del otoño,
y de las letras que viven sin papel.
Fuiste la ilusión de las sábanas
que merodean el mediodía,
y la belleza de un cuadro enmarcado
dentro de la levedad de tu vestido,
y también fuiste mi siesta,
y en tu piel, fui yo la fiesta
que no te dejaba llegar a dormir.
Fuiste lo nuevo que estaba por llegar,
y la hoja de un árbol guardada en el libro
de los cuentos azules de la madrugada.
Fuiste todas las cosas, hasta la nada,
y en la nada comenzó vivir
la dialéctica que me hablaba de ti.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Criterio temporal"

luna de judería

luna de judería

Perforas el cielo
sonriendo luz
de media luna,
y eres Luna,
tras la razón
de los gatos nocturnos
del país de los tejados .
Supiste que era
en el sur de mi sur
donde dormían
las mil y una noches,
por eso quisiste
reflejar la eternidad
en un río cosido,
a la tierra, sabíamente
con puntadas
de hilos de azahar.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Luna de Judería"

El Pulga y las vacaciones

El Pulga y las vacaciones

El Pulga ha vuelto de sus vacaciones. Cuando el Pulga vuelve de vacaciones hay que estar preparado para la ocasión, porque te acribilla con sitios, y personas, muy raras. El Pulga pasa las vacaciones en casa de su tía, la que tabaja de puta, menos en semana santa, que trabaja de virgen por las calles. Ocurre que la tía del Pulga vive junto a un puesto de prensa, y debe de tener algo con el quiosquero, porque éste no deja de regalar revistas del corazón a la tía. El Pulga se aburre solo, y sólo asomándose al balcón, aunque él dice que es la playa, pero es seguro que es balcón, y cuando se aburre, se pone a ver las revistas. A mí me invitó una vez, y me dijo: "tienes que traer un bañandor". Yo, que no tenía bañador, porque las inadaptados no solemos ir, ni tener, piscina, me fui a por uno. Lo tuve que robar en una tienda que se llamaba raro, y en inglés. Después de todo eso, cuando esperaba, por fin, conocer una playa de verdad, el Pulga me sacó al balcón de la casa de su tía. Yo al Pulga le quiero mucho, es como un pokito de mí, pero no hace más que romperme ilusiones en la vida.
Pues eso, que el Pulga ha vuelto, y nada más verme, me ha dicho que ha estado paseando en yate, con Julio Iglesias, por Malibu. Cuando el Pulga comienza pegando así de fuerte, a la primera, sé que me esperan unos días duros de verdad. Y lo que yo le digo: "Pulga, qué no puede ser, qué el balcón de tu tía no tiene mar, y si no tiene mar, no puede tener yates de Julio Iglesias, porque además no caben en él, y si no cabe un yate, ni una barquita del estanque del Retiro, cómo va a caber Malibú. Yo no sé si Malibú es grande, o pequeño, Pulga, pero con ese nombre debe ser norteamericano de USA, y lo norteamericano de USA suele ser grande". El Pulga me sonríe, y me dice: "ya lo sé, pero Malibú aún no, y mientras ella no lo sepa... (sic), yo yengo yate, playa, y lo que me venga en gana".
El Pulga algún día se va a dar con la verdadera vida que le ha tocado vivir, y me da que se va a pegar en toda la cara con ella...


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "El Pulga y las vacaciones".

hola ola, y la ola dijo adiós

Camina junto al mar, ni muy despacio, ni muy deprisa, simplemente camina. Recorre ese pedacito de costa que tiene frente a casa, que se retuerce, robando, y regalando, metros de arena, y de agua con sal. Esa costa que desdeña cualquier idea que hable de líneas rectas, y de continuidad. En su cabeza juegan los colores del cielo, y algún gato despistado, que se pierde tras los tejados de las buenas noches con lunares de plata. Le gustan las olas, le gusta jugar con ellas a no mojarse. Cuando se alejan, ella las persigue prometíendolas una caricia con sus pies, y cuando vuelven en busca de esa caricia, ella se aleja unos metros, parándose justo en el sitio donde el mar deja de ser mar. Sabe que al día siguiente estarán ahí, como siempre han estado desde que tiene memoria, aunque siga alejando las caricias prometidas. También le gusta escuchar el discurso del viento. Se entretiene pensando en las breves historias que cuenta el aire de la tormenta, y conversa con la claridad de la atmósfera de mayo, después de los besos mojados que se despidieron de abril pocos días atrás.
Hoy el viento está en silencio perfecto, y el mar parece estar un poco más allá de la arena que ayer. Se acerca al agua, y se descalza para comenzar a jugar, pero las olas no se mueven. Se quedan quietas, mientras cuentan que ahora son olas, con el hola roto, y que ya sólo saben ser olas de adiós.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo.
"Hola ola, y la ola dijo adiós".

alabastro sobre la mesa

Alabastro ocre sobre la mesa.

No queda sitio para más,
sólo para alabastro ocre sobre la mesa.

Dijeron que no sabían de la dureza
que tiene el hierro que se hace yerro,
y dejaron unos pedazos, de óxido rojo,
besando a unos labios
que olvidaron cómo se decía su voz.

No importa mucho si fue por la noche
cuando el universo se exilió de su sitio celeste,
o si era de día cuando rompí una estrella fugaz.

No importa si hubo un río de fondo,
ni que el guión comenzase a ser
la última página de una historia aún sin contar.

El alabastro descansa su peso ocre de piedra,
y la mesa calla en los poros de madera su olor,
no queda sitio para más,
sólo para alabastro ocre sobre la mesa.


© chus alonso díaz-toledo. Ediciones Cambalache. "Alabastro sobre la mesa"

alquilando a Burrows

-San pokito Ñiño dixit-
"Una calle habla de la luna, en otra se dice del sol,
y en medio de todo existe una ciudad a medio morir,
que quiere volver a nacer..."

¡Jodido William Burrows, esto no es vida ni para las ladillas de una rata! - exclamó frente al espejo de la locura, donde cada mañana se volvía un poco más cuerdo.
Comenzó a contar las telarañas de la habitación, y vio que eran más que las letras escritas en una semana. Muchas más. Volvió a maldecir a Burrows, a la santa madre primigenia de la saga de los Burrows, mientras seguía observando la goleada que sufrían sus letras, en el partido creativo contra las telarañas. Así era imposible crear, le habían dicho que sí, pero veía que todo llevaba a indicar que sería; "no".
Había intentado ser William Shakespeare dos años antes, y Cervantes hace cuatro. También quiso vestirse las ropas de Lord Byron, y desapareció en los laberintos "cortazarianos" de Rayuela. Era un caso perdido, padecía el síndrome de: "La Semántica Ortográfica de Caligrafía Externa" (LSOCE), y no lo sabía.
De ser William Burrows le gustaba el tener que alterar su consciencia con las drogas, o esa cara mitad canalla, mitad exilio, que creía tener, a causa de las sustancias psicotrópicas antes mencionadas. Pero le molestaba lo mucho que le costaba mirarse las puntas de los pies, durante horas, como hizo Willy durante casi tres años. Willy, o Bill, era como le llamaba en la intimidad de su pública inconsciencia. Es cierto que le había sobrevolado la cabeza un nuevo nombre, un nuevo escritor al que seguir en sus costumbres, y continuar la obra inconclusa, según él, para bien de la humanidad más humana, que como todos sabemos, muchas veces no sabe leer. El elegido era Henry Miller, y no miento si digo que la señorita Monroe fue la principal razón de aquella elección. Fumar en pipa también era un aliciente, pero nada como la señorita Monroe. Comenzó a pensar en cómo decirle a Burrows que le abandonaba, que aquel idilio de mierda, porque eso había sido un puto idilio de mierda, llegaba a su fin. No quería herir la sensibilidad del autor, pero tampoco quería que Burrows pensase que no se había dado cuenta del fracaso al que le había condenado. El motivo de la ruptura era ése, y no otro, porque hubiera podido soportar toda la mugre del mundo, a cambio de unas pocas letras. Dejó una nota manuscrita sobre la mesilla de noche, y abandonó las ropas junto a la orilla del río, y se internó en él para volver a dejar de ser él.

La Monroe esperaba en la bañera, junto a una botella de Dom Perignon, con burbujas traídas desde París...


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Alquilando a Burrows"

de camino a sierra morena

Al abrigo de su falda
el invierno no es de enero,
y en su suelo dejo los pasos
de los caminos que llevan a su lugar.
Deja que me guarde del miedo
en las curvas donde vive el viento
que te rodea el cabello
con peinados de libertad,
y nada quedará a la suerte
de la mala dicha, ya dicha,
porque en la tierra naranja
que creció siendo piedra,
aún quedas palabras escritas
que deben aprender a saberse, y a hablar.
No es mucho más lejos de su piel
donde está el corazón de mi sentimiento,
ni más cerca de la oscuridad
me deja la severa idea que piensa
en la sentencia de su ausencia.
Es por ello que no dejo de respirar
un suspiro al olvido de las noches,
ni lavo las mañanas de lluvia,
y espera temprana,
cuando sus pies mojados
recorrían la calle de la alegría,
para firmar la frescura en una sábana blanca,
coloreada en un patio vestido de azulejo,
y de tiempo cuadrado con luz de cal.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "de camino a Sierra Morena"

CAMPEONES DEL MUNDO

CAMPEONES DEL MUNDO

MUNDOBASKET JAPÓN 2006

404 room service

404 room service

19:30h.
La silueta de la ciudad se recortaba sobre un cielo vencido por el atardecer, un atardecer de susurros recitados en ámbar, y grises robados al azul. El horizonte estaba firmado por Manhattan, su rúbrica puntiaguda se adueñaba del espacio donde se vive el tiempo, justo entre el suelo, y el universo, en ese sitio donde todos creyeron ver a dios una vez. Él era una pieza más en aquel rompecabezas donde comenzaba, y finalizaba, el mundo. Ahora observaba desde la ventana de un viejo motel, en el Spanish Harlem, a unos niños jugando a ladrones, y a ladrones. En el Spanish Harlem nadie quiere ser policía, ni la misma policía quiere ser policía en aquellas calles. Cerca de los niños, a no más de diez metros, en la esquina que llaman de Puerto Rico, los esbirros de Montoya reafirman su dominio en la zona sólo con su presencia. Dicen que Montoya mató a su propio padre, cuando éste le propinaba una brutal paliza a su madre. Dicen que Montoya le desgarró el cuello con un cuchillo de cocina, y que luego, con sus manos, buscó la lengua para sacársela bajo la barbilla, como si de una corbata se tratase. Tenía trece años cuando sucedió. Montoya era un colombiano, curtido en las calles de Medellín, que se había instalado en Nueva York veinte años atrás. Comenzó a hacer pequeños negocios con las drogas, negocios de calle, que fueron creciendo en sórdidos despachos, y ampliándose hasta la prositución, las apuestas ilegales, y la extorsión. Él conocía a Montoya, habían compartido mesa durante una cena en la que se reconocía la trayectoria de un artista africano, muerto días antes a causa de una sobredosis de heroína. Montoya era el dueño de la heroína que mitigaba la dureza del Spanish Harlem, pero también era actor en las fiestas de la modernidad en la Gran Manzana...


21:50h.
Vio sobre la mesa las llaves de su apartamento, estaba junto al Central Park, tan sólo unos kilómetros más al norte, en la isla, y le pareció eterna esa distancia que acertaba a ver entre los tejados donde habitaba el olvido. Tomó las llaves, se dirigió hacia el cuarto de baño, y tras dejarlas caer en el inodoro, descargó la cisterna, y su pasado se perdió por el laberinto de desagües de aquel viejo motel.


22:00h.
Descolgó el teléfono, y marcó el número de la recepción. Al otro lado de la línea telefónica alguien le hizo una pregunta, a la que él contestó con una cantidad expresada en dólares. Colgó, caminó hasta el destartalado armario donde, desde hacía cuatro días, guardaba una pequeña bolsa de viaje. De ella, de uno de los compartimentos laterales, sacó dos billetes de veinte, y uno de diez. Volvió a la ventana, pudo sentir cómo la sensación de exilio le invadía la sangre, igual que la luz amarillenta de las farolas ocupaba el brillo de la lluvia sobre el asfalto de Harlem.


22:05h.
Dos golpes en la puerta le sacaron de la hipnosis que le producía aquella ventana. Se giró, sus manos comenzaron a sudar, se mojaban con la ansiedad que produce la cercanía al deseo, y el deseo estaba al otro lado de la puerta. En el camino hacia ella, recogió los billetes que había dejado unos minutos antes en una esquina de la mesa. Abrió la puerta sólo un poco, lo justo para intercambiar con alguien los billetes, por una bolsa de libertad liofilizada, y dos palabras de "spanglish" a medio decir.


22:15h.
Rubén Vlades sonaba en alguna de las habitaciones de aquel cementerio precoz. El cantante pedía que no lloraran su muerte, los que en vida no le quisieron: "...si no me quieren en vida, cuando muera, no me lloren..."


22:18h.
La frase continuaba el son en su cabeza, aunque la canción que viajaba en el aire del motel era ya otra. En sus brazos comenzaba a acunarse la calma, con la ingravidez de un sueño incompleto, y el recuerdo de una noche de verano con el acento moreno de la tierra sultana amada hasta ayer.


00:00h.
... y no supó si la vida aún vivía en él, dentro de la habitación 404.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "404 room service"
Fragmento de: "Más allá de Nueva York". Agrupación Editorial Araulo. La Habana.

cuerdas


En el límite de uno de sus desvaríos provocados por la mezcla de alcohol y drogas, creyó ver lo que se esconde en los universos que desechamos con el simple acto de la elección; “ante dos puertas, al entrar por una, estamos exiliando el universo que se abre a la otra”, repetía siempre, y siempre con el énfasis del loco que roza la cordura.
Era una persona que no llevaba puesto el traje de su talla, le venían grandes los tiempos que vivía, grande el suelo que pisaba, pero pequeño el aire que requerían sus vuelos de vuelta e ida. Personalizaba el desdén por lo cotidianamente diario, y no era por religión, ni tan siquiera por vecindad, era por motivos íntimos que no dejaba a la vista de los demás.
Sus trabajos eran los trabajos que se evitan hasta en los tiempos en los que el paro encharca el suelo, más duro aún, del primer mundo que se cree la falacia de ser primer mundo. Había trabajado como taxista nocturno, cuando el toque de queda se imponía a partir de las seis de la tarde, y nadie podía salir de sus casas hasta la mañana siguiente. Fue vendedor ambulante de planes de futuro incierto, principalmente para quién los compraba, y hasta trabajó como marido, y digo bien cuando digo marido. Se casó con una mujer africana para facilitar su ciudadanía europea, aunque de aquella “pasión” sólo nacieron seis mil euros como pago al amor que se ama por el nacionalismo sin banderas. En una borrachera memorable decidió, ante testigos igual de borrachos, abandonar la idea de trabajar por dinero, quería trabajar por afición a la ética del trabajo en sí. Para ello se preparó en los escabrosos gimnasios de los suburbios del bulbo raquídeo, en el plano inconsciente del ánimo por hacer las cosas bien, y comenzó a hablar en un correctísimo alemán. Pasaron los días, y no encontró razón para aquella búsqueda bizantina, y desistió.
Tuvo años en los que decidió enamorarse de la fatalidad, y esa fatalidad se llamaba, en un salto mortal más de los sublime, Esperanza.
Era una paradoja que una mujer que podría ser declarada como zona catastrófica, se llamase así, Esperanza. Con ella de mujer, y sin ella como fondo de todo, conoció que el amor más amante es el que permite mirar hacia otro lado cuando el dolor duele sólo con mirarlo. Los hospitales, las comisarías, las oficinas de personas con objetos perdidos, eran lugares de peregrinación casi diaria en una religión que veneraba el suicidio de la razón. El idilio terminó dormido, eternamente arropado bajo una sobredosis de necesidad por poder soñar antes de morir. Estaba claro que no eran buenos tiempos para la lírica de los tiempos...
Tras Esperanza, por fuerza, llego el abandono por todo, y de todo lo que no era el alimento que proporcionaba el hambre a la vida. Sus días se fueron acortando, como si sus mañanas fuesen más invierno, y encontró en los bolsillos de la memoria las pelusas de los momentos que dejó por vivir en la imposibilidad del ayer.
Ahora se empeña en soñar que un día conoció los besos que creyó suyos...

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. 2004. “cuerdas”

san matías

En San Matías los días son lentos, transcurren con la misma calma que exige la tierra de la altiplanicie para dar sus frutos. San Matías se encuentra en esa altura de vértigo plano, y oxígeno breve, en la que el horizonte es una promesa inalcanzable robada a los dioses. Sus calles son pocas, muy estrechas, excepto la avenida de la Independencia, que viene a ser el doble de ancha de lo que lo son sus compañeras de urbanismo. En San Matías dicen que la independencia nunca llegó hasta esas alturas, y lo dicen con el convencimiento severo de quien cree lo que dice. Ellos nunca se doblegaron más allá de lo que se dobla un árbol para soportar la fuerza del viento, y nunca dejaron de ser árbol, aunque se vistieran de leña ante el hacha evangelizador del viejo mundo. Ellos siempre fueron independientes, al menos en el ánimo, ya que no se puede sobrevivir de otro modo en la parquedad de las tierras altas. Como es fácil de suponer, también hay una iglesia en honor del santo patrón, que curiosamente recibe el nombre de: San Lucas.
Dicen que la paradoja se debe al excesivo fervor, del primer gobernador miltar español, por el aguardiente de maíz que fabricaban los ahora, a la fuerza, recién pintados de cristianos. En el discurso que ofreció con motivo de la fundación de la nueva villa, y en su afán por mantener la solemnidad, pese a portar una considerable borrachera, se equivocó de santo. Los primeros monjes que llegaron hasta allí fundaron una misión con una pequeña ermita en honor a San Lucas, puesto que, según ellos, fueron unos textos de San Lucas los que les llevaron hasta los confines de aquel nuevo mundo. Todos notaron el error nominal que cometió el representante de la corona española cuando, con su espesa lengua, proclamó el nombre de San Matías a los cuatro vientos, pero nadie se atrevió a hacérselo ver para que rectificara sus palabras, dada la sangrienta reputación que arrastraba aquel personaje explosivamente etílico. La iglesia, en la persona de un oscuro monje manco, y ciego de un ojo, prefirió achacar el lapsus a los designios divinos, y dejar todo como estaba, ya que, al fin y al cabo, la voluntad del señor era, y es, dicen que inescrutable. Éste, y no otro, fue el motivo por el que en San Matías se encuentra la iglesia de San Lucas, edificada junto a las ruinas de la primera ermita que allí se alzó. Y éste puede ser el motivo por el que en San Matías, cuando llueve con la fuerza del viento, piensan que es San Lucas llorando su celestial destierro.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "San Matías".

palabra callada

Creo que hay una palabra sin letras
que aguarda tras el silencio, callada.
Está hecha con retales del pasado,
y pedazos de futuro añorados en presente.
Son vocales, ahora en bocas mudas,
sin sonidos consonantes, por frágiles.
Es esa palabra que nace blanca
frente a unos ojos escritos en negro,
como la sombra que regala el azahar al suelo,
y parece poco todo el tiempo del tiempo,
porque las horas son minutos por la piel
cuando en cada segundo nace de nuevo el primero.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "palabra callada"

en ella

Encontré en la sinceridad de sus ojos
una leyenda con colores de café,
en sus manos habitaba la fragilidad
del recuerdo de otras manos que esperan,
y en el pecho, la media luna árabe
de una noche caminando hacia el sur.
Inventé silenciosos pasos de puntillas
para estar junto a donde estuviese ella,
dibujé la luz de la mañana sobre su piel,
y en su piel se escribieron todas las letras de la mía.
Ahora ella es la razón de un debate impaciente
entre el espacio, y el tiempo despacio,
es la semilla primigenia para volver a nacer
a cientos de años de distancia de aquí.
Pero también es la verdad de la humildad
que me enriquece con sólo mirarla,
o el calor valiente que se opone al invierno,
y el frescor en una noche de verano
con los pies descalzos sobre la vida.

© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "en ella"

pareceres

Qué te parece un lama sin Buda,
mi perro sin cuatro pulgas que rascar,
tú coche ruin que no quiere arrancar,
y la concreción vestida de duda.

Un vil despertador aún dormido,
tres viajes rotos a ninguna parte,
dos artistas, sin su obra de arte,
y el amor, sin corazones dolidos.

La fea esquina, sin la bella puta,
unas cañas ausentes de sus tapas,
un cine vacío, sin las butacas,
o a la madre Teresa, sin Calcuta.

El verano sin un triste romance,
una cita ya, sin saber la hora,
la ropa limpia en la lavadora,
un exorcismo con extraño, y sin trance.

Así me desvisto por las mañanas,
con ropa usada que no es de mi talla,
vistiendo un disfraz azul de canalla,
y con un salvado por la campana.

Y así escribo sin ayuda de musa,
sin nombre gris en la cara que veo,
sin una excusa para mi cabreo,
y un cabreo, del que usted me excusa...


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Pareceres"

amaranto orellana

Camina en voz baja junto a las ilusiones que, según él, se tiñen con el color de las revoluciones justas que nacen de la tierra. Tiene miedo a que un golpe de voz las rompa, que se transformen en mil pedazos de luz a punto de apagar, y por eso las adjudica pasos silenciosos, con la prudencia pegada a las suelas de cada una de las pisadas que tatúa en la piel del camino. También es aficionado a escuchar a los atardeceres. Cuando lo hace, se pone en pie sobre uno de los bancos del parque, y dirige la sinfonía de azules, y de naranjas, que se esparcen sobre un cielo mar, ya con vocación de negro. Se llama Amaranto Orellana, suele vestir de negro tajante, y dice que vigila la frontera de la locura con la cordura. Amaranto Orellana mata su sed bebiendo una parte de pisco, mezclada con cuatro partes de agua con limón, y cinco piedras de hielo. Entre sorbo, y sorbo, siempre una mueca de gusto, seguida de otra de burla al disgusto, y de un más que elocuente: "ay". Dicen que la madre de Amaranto fue una bella mapuche, y que su padre, un viajante de los departamentos del norte que visitaba con frecuencia el pueblo Asunción. Sí, Amaranto vive en un pequeño pueblito de las montañas, y piensa que más allá de los valles no existe el Sol. Cree que se apaga cada día tras el horizonte, y que allí, arropado por las cumbres, sueña en plata con la Luna.
Los médicos opinan que padece episodios de locura transitoria. Él cree que es pasto de la cordura, que le lastra para que no pueda llegar a volar.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Amaranto Orellana".
-Historias de tipos que andan por ahí-

cuenta gotas el cuentagotas

Una gota en un cristal de lluvia se afana por unirse a las demás. Sola, escenifica una transparencia doble, y solitariamente incoherente, en la unidad de la falsa doblez que divide a los multiplos de cero. Un gota que alguna vez fue océano, y estanque de parque. También fue lágrima de alegría, o de pena, y de viento deprisa en el rostro. Una gota que ahora busca recuerdos marinos en otra gota, sobre el vidrio de una ciudad, a miles de kilómetros de donde suena el mar.

Una gota en una nube de lluvia se afana por separarse de las demás. Sola, escenifica el imposible vuelo duradero sin alas, cuando el peso del color del plomo suicida al vapor desde el cielo. Una gota que alguna vez fue milagro en el desierto, y regalo balsámico para la tierra olvidada por el otoño. Una gota que no quiso aguar el vino, ni lavar la suciedad alegre de los niños que juegan siendo niños. Una gota que dejará su sueño etéreo dormido sobre la inmensidad azul, a miles de kilómetros de donde calla el mar.

Una gota en un vaso se afana por seguir con las demás. Sola, escenifica la necesidad de un trago nocturno contra la soledad que ilumina el día opaco, mientras el cristal de la ciudad suda pedazos de cielo, y el cielo busca ser sudor de suelo otra vez. Una gota que fue nube en un cristal, y vapor de día gris, con los delirios del vuelo eterno. Una gota que no quiso regar jardines fuera del campo, ni ser transparencia en la mentiras del tiempo. Una gota que se quemó en la garganta de un puerto seco, a miles de kilómetros de donde habla, y escucha, el mar.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Cuenta gotas el cuentagotas"

cuento del sol mudo, y el niño que despertó los sueños

Cuentan que hubo una vez en la que el Sol se quedó mudo. Sus palabras de luz dejaron de ser sonidos pintados en el aire, y el viento lloró, junto a la lluvia, la furia del vendaval. Bajo la tierra quedó olvidado el futuro de las semillas, las raíces olvidaron su pasado, mientras las grietas se llenaban con la memoria de la muerte. Sobre la tierra oscura se oscurecían las vidas ante el miedo, ante la intensidad de aquel silencio estelar letal que sabía a desesperación, y a olvido eterno. También dicen que hubo un niño que cerró los ojos justo antes de callar el Sol, y que al cerrar los ojos soñó con la Luna, y con un vestido de lunares para el cielo. Dicen que aquel niño no quiso abrir los ojos, que siguió soñando con primaveras, con otoños, con veranos, y con inviernos. Soñó con los ríos que llegan a los mares, con mil nubes en busca de los meses de abril, soñó con los bosques, y con los desiertos, y no dejó de soñar que soñaba. Dicen que la oscuridad comenzó a hacerse líquida, fría hasta quemar. El niño notó el silencio en sus pies descalzos, mojados por aquella silenciosa agonía solar. Dicen que el niño quiso contar sus sueños, y que para hacerlo utilizó un papel con pedazos de tiempo, y un punto cardinal cerca del sur. Y que luego el sur escribió los sueños en el techo del norte, y en los costados del este, y del oeste. y quiso volver a ser sur. En el mundo volvió a escucharse la luz del sol, y el viento fue brisa, y la lluvia perlas de cielo. Las semillas fueron raíces, y las raíces tallos, y de los tallos nacieron flores, y de las flores frutos. La gente vivía con los ojos cerrados del miedo a lo que fue, soñaba con los ojos cerrados, porque soñar despierto era de locos, y decían que si lo hacías podías echar a volar.
El niño abrió sus ojos, y tuvo que volver a soñar entre la tierra y el cielo, y vio al miedo dormido, y quiso despertar a la verdad.


© pokit in a pocket. chus alonso díaz-toledo. "Cuento del Sol mudo, y el niño que despertó los sueños".