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pokit in a pocket

al sol de las palabras sin miedo

al sol de las palabras sin miedo

Al sol de las palabras sin miedo
se tuesta el viento en la boca
que no quiere construir afueras.
Al sol de las palabras sin miedo
el trigo es amarillo en las ropas,
y ocres de tarde bailando el cabello.
Al sol de las palabras sin miedo
se cuenta lo que quiso poder ser,
para poder ser,
y volver a serlo de nuevo.
Al sol de las palabras sin miedo
se beben con hielo las tardes,
o se andan las manos entre paso y paso,
mientras invade la noche a la luna
con el exilio de estrellas y cielo,
y se crea un mundo seguro,
allá donde está la seguridad de tu cuerpo.
Al sol de las palabras sin miedo
no hacen falta mentiras ni verdades,
ni ayer después de hoy,
ni mañana por la tarde.
Al sol de las palabras sin miedo
sólo quiero ser la nube eterna
en la que te escondes, a ratos, del firmamento.

© pokit in a pocket “al sol de las palabras sin miedo”

curvas

curvas

Me tuerces las letras
antes de que salgan de la boca,
volteando el sentido
que no entiende de ratos a solas.
Posas tres huellas
de tiempo escueto
y noble madera,
esquivando los piropos que se escriben
en tus pasos pequeños, y grandes,
de chicle y rock&roll de cuero.
Vas, vienes, pero siempre queda
el sabor de las frases
que sin decirse se gritan,
y se escuchan más allá del silencio.
Eres compañía, y compañera,
rizada en los recuerdos,
que se alisan en las noches
de la luna sin tregua a la espera.
Eres el sol y la sombra,
el agua con sed,
un “sin”, sin un “con”,
uno y dos confusos,
dos y uno obtusos,
uno y uno, dos.
Me tuerces las palabras
antes de que las deletree mi boca,
escondiendo las camas vacías
que se llenan de estar solas...

© pokit in a pocket “curvas""

bar trinidad

bar trinidad

Trinidad abre cada tarde su bar cuando el sol se trasviste de blanco lunático, y las horas suenan sin campanas entre los pasos de las bocas que hablan a la soledad. Trinidad es difícil de rostro, difícil de modos, difícil de trato, pero Trinidad sabe que el mundo no es un cucurucho de garrapiñadas, ni un paseo por ciudades sin direcciones prohibidas. Baila sin moverse, tras la barra, haciendo que un rictus de amargura cante el son, ignorando a la fortuna que pasó de largo dos puertas más allá. Ella sabe de la penas que beben para vomitar la vida, las que se apoyan cada noche en la frontera de la verdad doble con hielo y madera, las que se pintan a gritos en el silencio oscuro de su bar. Trinidad huye a la ternura, la maldice con la fuerza del sabor a aguardiente en su garganta, y la quemazón del olvido en su paladar. Trinidad sabe que la solución es pegarse un tiro, pero también sabe que las armas las carga el diablo, y que éste trabaja “de paisano” para dios. Trinidad lleva toda la vida siendo atea, y se dispara cada noche en la sien con una pistola que no se deja crear. Así cree que morir es posible que sea bello, mientras Billie Holiday canta oscura en su bar...

© pokit in a pocket “bar trinidad”

autismo

autismo

Me estoy haciendo autista. Cada vez reconozco menos lo que me rodea, y cada vez me apetece menos. Me sobra la gente intolerante, su intolerancia, y pienso si no seré yo el más prepotente de todos. Me cuestiono un montón de cosas, situaciones cotidianas, y también asuntos que rozan la metafísica. Hay veces que me gustaría ser un nanobio, llegar casi a la escala subatómica de la vida para comenzar a caminarla desde lo pequeño, e intentar comprender la sinrazón de la materia material. Me niego a normalizar lo anormal, a justificar la muerte en favor de la balanza de pagos, a tener que estar cerca del poderoso para buscar sus migajas, a desoír la verdad que camina descalza en la tierra desnuda de pan, y de justicia social. Globalizar la ambición de los ricos para organizar la pobreza humana, no es una buena idea, creo.

© pokit in a pocket "autismo"

callada

callada

Soy la calle principal de cualquier lugar,
a cada uno de mis lados anda
y se compra la vida,
mientras coches de aquí y de allá
son tuétano de gasoil en mí.
Mis paredes están llenas de ventanas asomando,
de puertas que me visitan
cuando se abren a un paseo
con el color de la fruta de temporada,
y el destiempo desteñido,
en la ropa que se viste con el existir real de a pie.
El cristal de mis farolas se quebró
con la dureza de un niño travieso,
lanzando su puntería para apagar las luces
delatoras de besos y portales,
más tarde de las diez.
En mis aceras habla el periódico
que no se escribe a diario,
pero que a diario
se imprime con las horas de la gente
hacia la cama,
perdiéndose entre las contraportadas
prometidas para ayer a partir de mañana.
Soy una calle llena de nombres
de santoral y día nacido,
también de protagonistas de series de televisión,
pero no olvidé nombrar las metáforas
exiliadas de fecha y santo.
No soy mucho ni poco, ni larga ni ancha,
pero sí soy casi eterna
en la memoria de asfalto y de acera.

© pokit in a pocket “callada”

calle feria

calle feria

Alguna vez quise
ser calle de feria,
o aire que vuela
en una verbena de barrio.
Me hubiera gustado
ser la siesta que calla agosto
más allá de la puerta.
La que se despierta fresca
con olor a tierra mojada,
la que renace al final
de dos caricias opuestas.
Soñé con ser campeón del mundo,
en tu cuerpo, o el barco pirata
por el que te dejaste atracar.
Quise convertirme en limo
y arena, dulce de blanca,
para sedimentarme en tu piel.
Para ser aborigen en el delta
que te triangula los suspiros,
el que ondea tus ríos secretos
hasta las olas rizadas del mar.

© pokit in a pocket “calle feria”

exterior con luz

exterior con luz

Sácame de esta historia aburrida y presente,
de las esquinas donde nadie llegó a tiempo,
de los caminos sin vuelta a un camino por dos.
Búscame en la sombra de un beso en rincón a salvo,
o en la humildad del otoño, crecida en un árbol
que vive los bosques de cristal y acero.
Dame la trampa que engaña al hastío,
el as de la manga que termina en la mano,
y el hielo de un güisqui con sabor a miel.
Cóseme a la boca que devora los labios,
a la que bebe su sed en la sed de otra boca,
a la que respira el aliento que no sabe decir.
Dame el sabor al que saben tus cosas,
o un hola pintado en olas desde el fondo del mar.
Sácame de esta historia aburrida y presente,
piérdeme en las sendas que conducen al calor sin sol,
dame un motivo para romper las fechas,
y para que los buenos días no signifiquen adiós.

© pokit in a pocket “exterior con luz”

viernes

viernes

Persisten los viernes, semana tras semana, mes tras mes, y año tras año. Hay veces que son puente y, por debajo, pasa un jueves lanzado a toda prisa que no frena hasta el domingo. Los viernes son del calendario juliano, por eso Julio Verne era tan sabio en el tiempo, y no como el de la tele, que se le mojan los anticiclones, o se le secan las borrascas.
Cuando se tiene un viernes metrosexual es una putada, pero además gorda, porque uno se tira el día con el cutis terso, y los sentimientos resquebrajaos, y no sabes qué es peor...

© pokit in a pocket, o sea yo, la alegría de la huerta... "viernes"

de espaldas al mar

de espaldas al mar

A la derecha, callada,
la silla vacía de asiento,
la que quiebra la soledad trenzada
que desborda en su esparto quieto.
A la izquierda, ruidoso,
el espejo mudo a su imagen devuelta,
imposible en el reflejo convexo
de las miradas que ven algo más allá.
Al frente de todo, cercana,
la distancia perdida de la física
que arraiga hidrógeno y oxígeno,
en la condena subatómica a perpetuidad.
Y en el centro, inmutable,
la sentencia que exculpa a la indiferencia
de los años vividos, entre dos vías muertas,
en una estación que nunca vio el mar.

© pokit in a pocket “de espaldas al mar”

el peso del aire

el peso del aire

Qué lento es el aire
cuando se respira dos veces.
Pesa en el pulmón
que aspira el metro cuadrado,
en las copas de los árboles
vencidos a la quietud,
y en las sombras que invalidan
un sol blanqueado a fuego lento.
Planto helio en la cuerda
de un reloj ahorcado,
y reinvento el estrecho
en sus vientos primeros.
El que pone por testigo
el reflejo árabe de dos ojos
que cuentan el breve camino
entre las bocas precisas.
Visto la noche en la arena
con mil y un cuentos,
que saben a sal dulce
y agua morena de azúcar de mar,
a calle estrecha
paseada de cal blanca,
a reja enrejada,
y al sabor que tienen los poros
cuando se dejan besar.

© pokit in a pocket “ el peso del aire”

pasos

pasos

Pasas apenas sin hacer ruido,
con esos pasos, como de puntillas,
que restan distancia en estéreo
cuando andan mi dirección.
Te quedas un momento a la espera...
Entonces asomas unos ojos de calma inquieta
que están rodeados de aire, y de agua,
de sol y de nubes, y de una luna a medias
donde colgar el retraso del paso del tiempo.
Cuentas las cuentas de prueba inexacta,
sumando infinito, en la pizarra
escrita del cielo que no se deja dormir.
Siempre impar en el dos por dos,
eclipsando las salidas abiertas
a la tierra perdida entre el polvo.
Pasas por delante de las ideas escuetas
desnudando a la ignorancia suprema,
y al sabor que sabe,
cuando deja de saber a ti...

© pokit in a pocket “pasos”

reciclando

reciclando

Hoy me he puesto a borrar renglones. No me gustaba lo que ponían, las letras estaban rosas, muy rosas, y pringaban por todos los lados. Había palabras, y todas estaban vacías de compañía y llenas de besos perdidos, y es que siempre pensaban en algo que no estaba, y por cómo lo pensaban, mucha compañía y besos no tenían a la vista. Alguien dijo que; “si lloras siempre, no follarás nunca”, más o menos. No sé si lo dijo por experiencia propia, pero es que si lloraba mucho, claro, no follaría por falta de ánimo, porque interés lo mismo si tendría. Entonces, a ver cómo le convences de que deje de llorar con semejante problema de comunicación emotiva. La teoría es muy práctica, pero muchas veces no...
Desde que está wili cerca he aprendido palabras nuevas; follar, teta, hostia, tusmuertos, y melasuda. Wili es una enciclopedia, y me está enseñando a tratar a las mujeres, pero es que wili ya tiene once años, y se nota...

© pokit in a pocket “reciclando”

calle arriba

calle arriba

Estuvo esperándola
en la calle de las citas,
pero ella no llegó a llegar,
ni avisó a la ausencia
que dejó en su sitio.
Leyó en otros ojos,
cerrados de rabia,
el reflejo de una luz
que brillaba lenta
en aquella espera estéril.
Se perdió entre voces
que hablaban sin escuchar,
entre pasos de ida y vuelta
que gritaban las aceras.
Quiso acelerar el mundo,
pero los dioses limitaron
la velocidad necesaria
para que dejase de doler.
Rechazó comulgar sin vino,
y rezó por los deicidas
de una tierra pagana en su giro,
pero divina en la hora final.

© pokit in a pocket "calle arriba"

Montoro

Montoro

Hay días en los que llevo el “no” puesto, el no tocanarices, el que es capaz de decir que me llamo de otra forma. Dicen que las emociones, los estados de ánimo, son cosas de reacciones químicas. Yo hasta el año que viene no empiezo con la “Química”, porque ahora estoy con “Naturales”, así que no entiendo muy bien eso, pero si es química, en estos días me la dejarían para septiembre seguro.
Mi hermano wili me dice; “pokito...” y yo le digo rápido; “no, wili, hoy me llamo Montoro”. Claro, él me dice que estoy tonto, pero prefiero ser tonto Montoro, a tonto pokito, porque mañana vuelvo a ser pokito y dejo de estar tan tonto. La única que me llama Montoro cuando quiero es Churretes, ella sí que sabes decirlo bonito, y sin quitarse el chupete de la boca, ni tan siquiera hablar. El Pulga me llama Ramírez, pero el Pulga es cómo es, que ya lo dice wili muchas veces...

© pokit in a pocket “Montoro”

tardes de papel

tardes de papel

Tan sólo había una mesa de papel
y cuatro esquinas sin cuadrado.
No hacía falta más para encerrar
un mundo que dejaba su órbita
cuando el azul se exiliaba del mar.
Tal vez se pierdan las historias
que no se terminaron de contar,
o puede que crezcan nuevas
en el silencio que muere a las otras.
Tan sólo había una mesa de papel
y cuatro esquinas sin cuadrado,
pero en ellas cabía el roce
con el que se acarician las tardes,
cuando el reloj duerme el tiempo
a la sombra de las tres.

© pokit in a pocket “tardes de papel”

churretes

churretes

Hoy es un día especial, y no sólo por ser domingo, hoy es especial porque viene Churretes, mi mejor amiga que tengo, de todas las niñas del mundo. Bueno, al menos de las que yo conozco, porque el mundo entero no me lo he visto casi nunca, y con lo grande que es, me imagino que habrá más mejores amigas por ahí, pero serán de otros, porque la mía es Churretes...
Churretes es muy guapa, pero también es vergonzosa, por eso no se lava la cara, ni se quita el chupete. Tiene mucho genio también, pero porque como es pequeña, pero mucho, pues se meten con ella pensado que no va a decir nada. Y Churretes no dice nada, pero pega unas patadas en las espinillas que no se deben olvidar en mucho tiempo. Churretes tiene los ojos que más ven, y también los que más cuentan, por eso no necesita hablar.
Hoy es domingo, y es fiesta y Churretes, las dos cosas juntas, por eso me gusta que sea domingo.

© pokit in a pocket “churretes”

de niño

de niño

De niño, cuando era bajito con motivo, pensaba que las señoras que veía sentadas en la puerta de sus casas, ampliando la sala hasta el mismo borde de la acera, eran brujas que odiaban los balones. También me hacía preguntas, y lo que es peor, las hacía en voz alta:
-“Si el viento empuja a la gente cuando va por la calle, ¿quién empuja al viento para que corra tanto.”
“¿Cómo es posible que, siendo la Tierra redonda, la gente de la mitad sur no se caiga al cielo?”
Luego descubrí que las señoras, y las sillas desde las que escrutaban la vía, estaban allí porque necesitaban ver caras que no apareciesen en las fotografías que adornaban las mesas, y las vitrinas, del otro lado de la puerta donde se sentaban. También descubrí que el viento huracanado más fuerte puede nacer del aleteo de una mariposa en la otra parte del globo terráqueo. La levedad de la tragedia en la belleza de su génesis, y la desolación que queda tras su vida, llegó vestida de la urgencia con que sólo se muestra la ley de la gravedad. Una vez que pude asociar que la sangre no se bajaba a la cabeza de cada antípoda mío, pude respirar más tranquilo, dentro de la ignorancia de ser yo mismo el suyo particular.
Ya no hay sillas en la calle, y las señoras se apergaminan en la oscuridad de alguna parte. Allá se cierran donde no hay ni balones, ni combas volteando una canción, sólo los rostros de las fotografías que tanto necesitaban dejar de ver. El viento aprende su desconsideración, de la que nosotros tenemos hacia su alma, y nos maltrata en la justa venganza de los justos. La gravedad es más grave que nunca, y la sangre cubre las cabezas, las voces, de los que habitan en los limbos de la historia.
Enciéndeme un cigarrillo, y pensemos que aún queda la noche, que aún no hay un guión para dos espaldas mirándose, frente a frente.

© pokit in a pocket 2002 "de niño"

frío

frío

Hace sol y frío, ahora que hemos hecho un equipo de fútbol, va, y llega el viento helado cargado de norte. No ha llamado a la puerta, ni tan siquiera ha escrito diciendo que venía, se ha colado por una esquina del mapa que sale en la tele. Como hace tanto frío, apenas hay niños jugando en las calles. Como hace tanto frío, el suelo se aburre porque no le pisan las risas esas que chillan entre balón y comba. A mí me gusta el frío, pero el frío de cuando nieva, que es un frío más blanco, y más divertido...

© pokit in a pocket "frío"

anatosuya

anatosuya

Si pudiera, sería el botón que desabrocha la falda
de las noches que pierden el tren, hasta mañana.
Engañaría a la verdad, que madruga su desfachatez,
despertándome junto a la utopía desnuda de unos labios
que dejaron de ser besos, hace apenas un rato.

Si pudiera, sería el silencio que acompaña
cuando sólo quieres silencio, y la soledad es un grito.
Callaría las bocas amables que restan dolor al dolor,
las que obligan a respirar cuando el aire duele,
las que entre los huesos siguen buscando carne.

Si pudiera, sería la noche que salta las reglas
dictadas antes de saber vivir, a tientas.
Cambiaría las calles de sitio y las horas de tiempo,
para poder llegar exacto, fuera del mapa,
donde se pintan las fronteras de todos los cuerpos.

Si pudiera, sería la madrugada despierta con el sexo
que sueña el sueño de la cama, justo al lado del sol.
Achicaría el espacio en dos metros por dentro infinitos,
bajaría el suelo de los tiempos hasta llegar a los pies,
para balancear un universo de cuerdas, y paralelo,
que no deja de ser...

© pokit in a pocket 2004 “anatosuya”

siéntate a hablar

siéntate a hablar

siéntate a hablar conmigo
de algo sencillo
sin pretensiones en academia y existencia
sentémonos a charlar
de la película de ayer
hasta el guión
en nuestra versión original

espera el momento
en el que roce tu piel
con un movimiento
queridamente sin querer
que el intento doble el valor
del tacto nuevo
y lo haga necesario
en la duda de una respuesta

mira las mismas ventanas que yo miro
muéstrame las que tú asomas
veremos jardines
que no se plantaron en otro lugar
que no fuera aquí
o allí
siempre frente a mi banco
a nuestro banco

un banco en el que vemos
la luz de las noches
en el que hablamos
de problemas con solución
en el que robo algún beso
a tus enfados consentidos
donde una mano
y otra
son un seguro de vida

este banco sienta cuentos
de tierras sin nombre
viajeros que / sin moverse /
llegaron a todos los bordes
esperas
que nunca se cerraron
con las llegadas antes de tiempo
ilusiones que son raíz
de nuevas ilusiones por llegar

si paseas / y pasas por él /
siéntate a mi lado
vive las horas del día
que sin los dos no se recuerdan
duerme las noches
que no podrán olvidarse
cerrando los ojos
cuéntame en silencio los gritos
grítame el silencio de un cuento...

© pokit in a pocket 2002 "siéntate a hablar"